Crispación económica

Alberto Ordóñez Ortiz

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La crispación económica estremece al país. Desconfianza y desencanto son los signos dominantes de estos agitados tiempos. Con el nuevo modelo económico, el endeudamiento ha crecido en términos comparativos, más rápidamente que el de su predeceror. Su autor, el actual Ministro de Finanzas, considerado en círculos morenistas como el verdadero mesías en el manejo de las finanzas públicas, es quien la conduce con el cerrado beneplácito de sus coidearios y el sobresalto de quienes ocupamos la ribera opuesta.
La publicitada Ley de Reactivación económica o, dicho con más precisión, el de su desactivación, -ley de su autoría-, benefició especialmente a los empresarios que se encontraban en mora con el SRI y el IESS. De un plumazo se les exoneró del pago de todo recargo. El millonario incremento del endeudamiento fue otro de sus objetivos, en el que, constaría uno nuevo con el FMI. Su ampliación contribuirá de manera determinante para que el riesgo país alcance su más alto nivel.
Con el nefasto decreto presidencial que encareció el precio de la gasolina, se produjo un desestabilizador incremento del costo de la vida, amén del incremento del desempleo y de la informalidad. Ni siquiera hay para pagar las deudas a los proveedores. En suma, la catástrofe, amplió sus funestos márgenes.
La exacerbación de los síntomas de la grave enfermedad económica que sufre la nación se ha agravado. Las medidas aplicadas no han logrado la remisión de su desastroso modelo. Por el contrario, han debilitado, aún más, sus frágiles finanzas. No hay la ansiada luz al final del túnel. Lo que hay, es otro túnel y los siniestros presagios que conspirarían contra su propia estabilidad. El país se pregunta de pie: ¿Hasta dónde?, y, ¿hasta cuándo…?. (O)