Elección confusa

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Todo parece indicar que la elección de los nuevos integrantes del Consejo de Participación Ciudadana, será caótica en sus resultados. Son cuarenta y cuatro los aspirantes entre los que deberá escoger la ciudadanía. Las normas mandan que esos candidatos dispondrán de unos pocos segundos para promocionar sus propuestas en los medios de comunicación. En esos segundos deberán hacer conocer lo que piensan hacer en caso llegar a esa función. A buena parte de la ciudadanía parece no importarle esta elección.
El Consejo de Participación Ciudadana fue una novelería más del anterior gobierno que tuvo la habilidad de hacer creer a mucha gente que sería la ciudadanía la que participa en la designación de altas autoridades del Estado. Los resultados mostraron que la composición de este Consejo se dio con personas cercanas en unos casos y dependientes, en otros, del régimen. Éstos a su vez organizaron concursos en los que – curiosamente- todos los que ganaron fueron también cercanos al correísmo. Como resultado, todo el país sabe lo que pasó: un Fiscal General convertido en funcionario del Ejecutivo, un Contralor reelecto con las máximas calificaciones y hoy prófugo, para no citar más que dos casos de una larga lista.
El Consejo transitorio actual tiene una buena imagen, pero eso no quita que se trata de un organismo que no garantiza la participación de la ciudadanía, ni tampoco el control de la corrupción. Con el anterior Consejo correísta, de dio la mayor corrupción de la historia republicana. El nuevo Consejo que se elija en marzo próximo será, más producto del azahar que de la decisión meditada de los votantes. Y ese organismo así electo tendrá la enorme responsabilidad de nombrar las altas autoridades que la Constitución prevé, así como de controlar la corrupción. Suprimir este Consejo, fruto de una novelería fracasada, parece ser el camino.