Secuelas del 30S

Mario Jaramillo Paredes

461

Algún día se conocerá lo que realmente ocurrió el 30S. Por hoy, las dudas son cada vez mayores, excepto en el punto de quién se benefició políticamente de esos hechos.
Un juez de lo penal acaba de declarar prescrita la acusación del expresidente en contra de los policías procesados por los hechos en los que Correa, pese a todas las advertencias, acudió al recinto policial. La televisión trasmitió en vivo cómo el mandatario se refugiaba en un hospital y, supuestamente secuestrado, comandaba su propio rescate.
El 30S dejó como saldo, muertos y heridos y un mandatario con más poder. La parte menos visible, pero no la menos grave de la tragedia, fue sin embargo la de decenas de policías injustamente perseguidos y sancionados por obra de una justicia manejada impúdicamente desde el poder ejecutivo. El hecho creó, además, la leyenda de un supuesto secuestro y hasta de un intento de magnicidio. Sirvió para perseguir a opositores, a los que se acusó de haber estado detrás de los hechos. Fue-políticamente- un pretexto magistral para levantar la imagen del caudillo y entretener a un país que vive de escándalos políticos.
El saldo trágico, más visible y doloroso fue la pérdida de vidas humanas. Pero, también el futuro de decenas de policías cuya vida quedó arruinada. Perseguidos, separados de su institución, enjuiciados, son parte de una historia que no acaba todavía de ser relatada. De una historia cuyas víctimas fueron, a la final, los policías acusados, mientras el gran beneficiado fue el caudillo, convertido en mártir. (O)