Análisis para restaurar el órgano de Catedral Vieja

Por ahora, el organero trabaja con el órgano, construido por Antonio Cardoso hace ya cerca de tres siglos y examina la refacción que Aurelio Mosquera hiciera en el año 1924.

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Alejandro Rodríguez enseña el trabajo que hasta ahora realiza en el órgano, un instrumento del siglo XVIII.

Una grada caracoleada, de 30 peldaños, lleva a la segunda planta de la Catedral Vieja donde se asienta, no está claro si desde 1735 o 1739 un órgano de tubos. Un organero de Lima, Perú, ha llegado, por invitación de la Arquidiócesis de Cuenca para estudiar su estructura, sus piezas, analizarlo a profundidad y determinar la posibilidad de recuperarlo.
Alejandro Rodríguez, autodidacta en materia de recuperar órganos, tiene varios días en Cuenca y, prolijamente, analiza el estado de los cuatro fuelles, la caja, los cerca de 900 tubos, el teclado y las tantas cosas que conforman este inmenso instrumento musical de la Catedral Vieja o iglesia del Sagrario.
Por ahora, el organero trabaja con el órgano, construido por Antonio Cardoso hace ya cerca de tres siglos y examina la refacción que Aurelio Mosquera hiciera en el año 1924.

Estado del órgano

Al órgano le faltan muchos tubos, de los cerca de 900 que le daban forma. Hay tubos grandes, de 2,80 metros como los de la fachada, y otros tan pequeños que no sobrepasan al tamaño de un bolígrafo.
Son tubos hechos con aleación de plomo y estaño. El porcentaje de cada uno de estos dos metales, al fusionarlos, variaba según el costo del instrumento.
Toda la caja se llenaba de tubos y los existentes tienen un código. Las necesidades de afinación que se dieron en diferentes épocas, llevaron a mover los tubos a diferentes lugares, cambiar su numeración y funcionalidad. De lo que se ve, algunos tubos son recuperables
Rodríguez afirma que salvar el órgano es posible. Un colosal instrumento de esta naturaleza necesita restaurarse en su caja, en los elementos sonoros y los cuatro fuelles hechos con cuero de res. Para que funcione el órgano, dos hombres debían introducir aire mediante los fuelles, accionando una palanca.
Por ahora el trabajo del organero es realizar un estudio íntegro que incluye el análisis químico sobre la aleación de plomo y estaño de los tubos; la verificación del estado de los tiradores de registros, un mecanismo que acciona los sonidos en la parte alta del órgano. También, la recuperación del teclado de 54 notas, pues las teclas hechas con hueso de animales presentan desgaste; además hay que reparar ejes dañados, los registros de cromornos (partes internas) y más elementos.
En los fuelles será importante e indispensable desmontarlos, cambiar su piel, limpiar la madera y de esa manera se logrará una recuperación integral para que todo funcione bien. (BSG)-(I).

Contexto histórico

Para Rodríguez es importante compenetrar en el contexto histórico religioso de Latinoamérica y entender el papel del órgano dentro de las eucaristías.
“En la liturgia de la época (siglo XVIII) el órgano entraba en franco diálogo con el sacerdote y el pueblo era un oyente”, añade. En Cuenca, ese ambiente religioso no era diferente.
Construido aquí mismo, el inmenso órgano de la Catedral Vieja tiene elementos de diferentes épocas y características histórico religiosas de la era colonial, entre ellos, la caja, que sería la más antigua (1739 ó 35) a la que se añadieron elementos de tendencia barroco-andino-primario que, de igual manera, fueron modificados.

Noé Chávez estudia el aspecto estético de la obra y señala que hay fotografías que muestran otros colores que esta gran caja tenía. Eran tonos más pálidos. “No se sabe cuándo de pintó de rojo, lo hicieron para resaltar el dorado”, explica. (BSG)-(I)