El protocolo de Río

1776

Las ex colonias españolas, a diferencia de las inglesas del norte, luego de la independencia se fragmentaron en varios Estados, con el consiguiente desgaste económico. En la colonia los límites entre ellos no eran precisos ya que se trataba de unidades administrativas del imperio, lo que dio lugar, en algunos casos, a enfrentamientos armados e ingentes gastos militares que podían haberse dedicado a obras constructivas. Ecuador y Perú tuvieron estos conflictos que, al no haberse resuelto mediante tratados pacíficos, que culminó en 1942 con un enfrentamiento armado en el que fuimos derrotados y el Protocolo de Río de Janeiro que estableció los límites definitivos que, según la visión de nuestro país, perjudicó nuestras aspiraciones.
Para las nuevas generaciones, este tratado ha pasado a segundo plano luego de que, en 1998, en la misma ciudad brasilera se suscribió un acuerdo de paz. No tenemos el propósito en este comentario de analizar los documentos y argumentos de los dos Estados. Lo real es que en Ecuador se realizaron intensas campañas contra el protocolo de Río, calificando al Perú como “enemigo del sur”, alegando la nulidad de este documento y el deber “patriótico” para recobrar los territorios por las buenas o por las malas más, allá de las similitudes históricas culturales- fuimos parte del Tahuantinsuyo- lo que, con frecuencia, era usado por nuestros gobiernos para desviar la atención de graves problemas internos.
El protocolo de Río de Janeiro se denominó tratado de paz, amistad y límites en el que los primeros elementos, paz y amistad, estaban en segundo plano y la carrera armamentista continuó. La decisión pacífica de 1998 cambió el panorama y los “enemigos del sur” pasaron a ser hermanos peruanos superando las actitudes hostiles y la incoherente animosidad. Desde entonces, las relaciones entre los dos países han sido fraterna, constructiva y positiva, lo que ha enriquecido física y espiritualmente a ambos Estados. El odio y la agresividad son componentes negativos en la vida individual y colectiva ya que llevan a la destrucción. Debemos tratar de superarlos y sustituirlos por la solidaridad con una visión constructiva.