Una ruta nocturna permite acercarse a obras de Bienal

La noche circular fue participativa, rápida. Cada espacio significó una experiencia, una historia diferente.

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Dentro del recorrido se visita la obra de Adrián Balseca expuesta en la antigua planta eléctrica a las orillas del Yanuncay, al sur de Cuenca. PSR

Una muchedumbre esperaba por las Noches Circulares. Más de 70 personas se sumaron a esa iniciativa para recorrer tres espacios expositivos.

A la Bienal le quedan no más de dos semanas para que se convierta en historia y, como una forma de poner en contacto al público con las propuestas participantes, se realizan rutas nocturnas, programa que por última vez se efectuará el próximo jueves, con la visita al Museo de Arte Moderno y la Escuela Central.

La noche circular del jueves fue participativa, rápida. Cada espacio significó una experiencia, una historia diferente. En el Museo de la Medicina, la vivencia fue diversa en las tres propuestas que allí se mantienen. Primero, por la atención que se dividió entre la reserva expuesta y las obras de la brasileña Ana Mazzei, ubicadas entre los antiguos equipos médicos, visitar esta sala fue adentrarse a dos elementos expositivos diferentes.

La propuesta de Pablo Helguera “La lección de anatomía del profesor Acirema, video, collages, pendones, mediador y libro, 2018” se convirtió en otra historia, su contenido se caracteriza por lo expuesto que se conjuga con el performance a cargo de un joven de mandil blanco -el doctor Acirema, un inventor- médico egocéntrico, malvado, que para la lección de anatomía utiliza el lenguaje clínico y con ello hace una descripción alegórica del poder político en América Latina.

La tercera experiencia vino de esa vivencia rápida a veces enigmática que se sintió en el ingreso al cubo metálico de Oscar Pabón, instalación sonora, una especie de caja de resonancia que incita a la interacción guiada por la mediadora. En la noche, esa obra se vuelve dinámica. En ella se agitan los sentidos: los ojos que se guían por un farol octaedro; el olfato que de una se llena con el aroma de flores; y el gusto por cantar.

“Ora pro nobis” (Ora por nosotros) instiga al canto o coro religioso, gregoriano. El sonido está deteriorado, es como si de repente se ingresara a una capilla. El cubo se construye de materiales elementales pero profundos. 30 minutos para acercarse y entrar en relación directa con las tendencias, concepciones y acciones de sus creadores.

Lo que Carla Arocha propone

El tiempo corría, más de 30 minutos para encontrarse con la razón de ser de estas tres propuestas, luego de eso se abandonó el lugar y la muchedumbre salió a la calle, caminó unos metros y llegó a la Unidad de Cultura, el antiguo edificio de la Facultad de Medicina de la Universidad de Cuenca.

En la Unidad se instalan las obras de Carla Arocha de Venezuela y Stéphane Schraenen. Juntos presentan “Intervalo, instalación de sitio con materiales diversos, 2018”.

Los anillos de espejo que penden como zarcillos gigantes dan forma a “Testigo”, instalación compuesta por una banda de discos especulares: este trabajo cautiva con la luz y se complementa con la serie de obras expuestas puertas en las salas anexas al patio y pasillo. Las dos instalaciones crean un, un diálogo con la colección de arte precolombino del Museo –particularmente con las figuras antropomórficas– al tiempo que introducen copias en miniatura de sus trabajos anteriores.

Los públicos son gente curiosa y sencilla, eso fue evidente. Visitantes nacionales y extranjeros se llevaron inquietudes, satisfacciones, fotografías. Entre la muchedumbre del jueves estaban argentinos, norteamericanos, españoles; un satisfecho Facundo Romero expresaba el gusto por recorrer las instalaciones, ver las obras, por momentos el hombre entraba en un enlace entre la Bienal de Ushuaia y la de Cuenca.

Casi un centenar de asistentes fueron parte de las “Noches Circulares” que hará una última sesión el próximo jueves. PSR

Con destino a la antigua planta eléctrica

Caminaron por la calle, haciendo hileras y en grupos. En noche fría, de luna, de luces, el arte se volvió un pretexto de convivencia, de reunión, de intercambio de ideas, de conceptos, de puntos de vista. La palabra fluía entre todos y así, entre conversación y ruidos de la ciudad nocturna, se llegó a la antigua Planta Eléctrica del Río Yanuncay, para ver la piragua y toda la instalación de autoría de Adrián Balseca.

Caminando con la dirección del río -aguas abajo- atravesando una pequeña hilera de árboles, así llegaron los caminantes a la primera planta hidroeléctrica de la ciudad, a esa construcción que guarda las primeras turbinas que llegaron en 1914.

Adrián Balseca, ganador de una Mención de Honor, presenta allí “Grabador fantasma, 2018. Instalación multimedia: canoa de aguano, paneles con celdas solares, moladora eléctrica, gramófono, película 16mm”.

La piragua está cubierta con paneles solares que generan la misma cantidad de energía qu un siglo atrás generaron esas tremendas turbinas, moles de hierro que reposan frías, inertes, inservibles.

Con la piragua, el autor navegó sobre los ríos Aguarico y Pastaza, grabó los sonidos de la naturaleza y propuso la simbología del parlante, el barril, la contaminación y la explotación.

Este espacio expositivo es el menos visitado, mucha gente llegó por primera vez a ese rincón de las orillas del Yanuncay, el arte fue el pretexto o al menos la razón para conocer esa parte histórica de la ciudad. (BSG)-(I).