Romeo y Julieta en tiempos actuales

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Mientras más conozco sobre casos de violencia, más agradezco la oportunidad para “hacer algo más” que permita profesionalizar mi compromiso laboral, no digo rol ni cargo porque el compromiso comprende algo diferenciador… Tratando de mantener a la par la objetividad y la sensibilidad, me anclo en mi contraposición hacia toda forma de violencia, más aún cuando son personas marcadas desde su niñez.

Titulo este artículo por un hito literato que lamentablemente se replica generacionalmente, misóginamente, en complicidad y con otras modalidades. Historias con ciertas homogeneidades al puro estilo Montesco y Capuleto, en donde el poder, el control y el odio son elementos que rebasan lo intrínseco.

Conductas cegadas que impiden la felicidad y la sana convivencia de otros, odios que pesan más que los vínculos entre padres e hijos, odios que matan lo que ya muerto está en el alma de los proveedores, odios que obligan decisiones súbitas que a la larga también engendran violencia.

No basta con escuchar, guiar o intervenir a sabiendas de que la violencia muta, se reproduce y se dinamiza; no basta solo con romper el silencio mientras el cuerpo se quebranta en llanto y desconsuelo; bastará quizá cuando a razón de suerte o milagro, la conciencia, el sentido común y el amor auténtico, no reclame a la ley su necesidad de sanción.