La política cambia de dirección

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El segundo decenio del siglo XXI marca un evidente cambio de dirección política en América Latina, los gobiernos que se han posesionado en estos últimos años con la excepción de México, son ubicados en la derecha del mapa ideológico, frente a una izquierda que se presumía prevaleciente. La tendencia señalada se encuentra en Perú, Argentina, Chile, Colombia, Paraguay y Brasil, por citar los más relevantes para el ordenamiento geopolítico de la región. Ecuador establece su propia ubicación.

Hablar de derechas o izquierdas en la época del conocimiento crítico resulta por lo menos obsoleto, recordemos también que todo extremismo es pernicioso.

Ahora bien ubiquemos nuestra visión en las realidades y los problemas que exigen respuestas oportunas.

El caso de Venezuela nos retrotrae a la prolongación de las dictaduras que desde Hugo Chávez marcan su irrupción electoral, atípica por supuesto, para nuestro mundo y la consideración necesaria del sentido común, pero allí están…

Pensemos que en la base de una mixtura ideológica, una corriente autoritaria populista, que aúna elementos sociales y económicos del marxismo leninismo, mediante una técnica propagandística, en la que el caudillismo mesiánico es su tónica reiterada, retoma esa onda creciente de violencia y destrucción del sentido mismo de la dignidad humana.

En estos días un ex guerrillero de las FARC pide el respaldo a Maduro, según su criterio la Revolución Chavista debe ser salvada de la conspiración de los gobiernos neoliberales y derechistas   que mediante la OEA tratan de derrocar a su caudillo y de restaurar el dominio imperialista de EEUU en la región y el mundo.  Tal exhortación, demuestra la persistencia de la consigna totalitaria del FORO DE SAO PAULO y las proyecciones reales de los gobiernos expansionistas de Castro y Putin.

Poner los puntos claros es obligación de honradez intelectual en un mundo en permanente caos.

Restaurar el significado de la política, como el arte del buen gobierno en función del bien común, es el desafío que sigue exigiéndonos a todos la respuesta adecuada para construir una sociedad diferente a la que hasta hoy prevalece. Es cierto que se han dado épocas positivas para el desarrollo del Estado de Derecho y de la Democracia como los sistemas de un nivel superior de conciencia política.

En el caso ecuatoriano, salir de la herencia autoritaria del populismo dominante por once años, cuesta una gran dosis de entereza. La corrupción con sus ramas de millones y millones de dólares que han sido desviados en aviones con rutas de destino incierto, marca esa oscura etapa y ahora, precisamente ahora,   debemos reclamar que se cumpla con el deber y la obligación de sancionar a sus autores y recuperar los valores en cuestión, “la cirugía mayor para extirpar la lacra de la corrupción” sigue latente, exigiendo coherencia y decisión, tanto del gobierno y de las funciones llamadas por ley a cumplir su papel. La sociedad espera resultados, solamente las acciones definen la historia.

Queda por tanto mucho por hacer en el camino que nos lleve a la sociedad que pretendemos. Todo depende de nosotros para que realmente la política cambie de dirección y el bien común sea obra no de robots sino de seres humanos en la plena capacidad de construir su hábitat. (O)