Centros clandestinos de rehabilitación

470

El incendio producido la semana pasada en lo que supuestamente era una clínica de rehabilitación de adicciones en la ciudad Guayaquil muestra una vez más la falta de controles en este tipo de establecimientos. En esta ocasión, se trata de diecisiete fallecidos por asfixia, además de varios heridos. Un grupo de internos que se encontraban allí y que no pudieron escapar a tiempo. El local se encontraba cerrado, pues en realidad muchos centros clandestinos de esta naturaleza funcionan más como cárceles que como centros de rehabilitación de adicciones.

En el país existen numerosos centros destinados a la rehabilitación de personas con adicciones a los licores y drogas. Muchos de ellos llevan mucho tiempo funcionando y cuentan con los respectivos permisos. Brindan un servicio de calidad a los internos y en numerosos casos logran rehabilitar a quienes acuden a pedir ayuda. Reintegrar a esos internos a la sociedad es el punto culminante de una labor técnica y científicamente llevada. Pero existen casos de centros en que se encierra a los adictos para impedir que sigan consumiendo drogas. Se asemejan más a una cárcel que a una clínica de rehabilitación. Mucha gente acude a estos centros clandestinos empujados por la necesidad y porque no son recibidos en los centros públicos, sin reparar en que se trata de lugares sin las condiciones que esa delicada labor supone.

Luego de esta nueva tragedia ocurrida en la ciudad de Guayaquil, las autoridades correspondientes han anunciado-como siempre ocurre en estos casos-que se intensificarán los controles para detectar estos centros clandestinos. La experiencia muestra que estos anuncios son palabras de ocasión y que, pasadas las primeras reacciones de protesta y condena, las cosas volverán desgraciadamente a estar como siempre, es decir sin control. Este hecho que costo diez y siete vidas humanas, debe ser un fuerte llamado de atención para retomar con fuerza el control de este tipo de establecimientos clandestinos que frecuentemente son mas cárceles, que lugares destinados a rehabilitar.