Y se van…

Josefina Cordero Espinosa

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“Yo me celebro a mí mismo
y yo me canto a mí mismo,
y todo cuanto me pertenece también te pertenecerá”, Waltt Whitman.

Los días de sol que nos abriga, la lluvia benefactora que hace brotar la siembra, el viento que con su soplo arranca las hojas secas de los árboles danto paso a las nuevas; el humo que salía por los techos de la casas campesinas y que despertaba el apetito de saborear las deliciosas comidas sazonadas con las hierbitas que eran conocidas sólo por las mujeres que las preparaban, son parte del ayer que se va perdiendo en las noches del tiempo.

En esos mismos campos que me gusta recorrer, ya no se escucha el canto alegre del Jahuay maravilloso que acompañaba a las cosechas de trigo, con versos propios para cada etapa de la larga faena que encerraban poesía pura, ingenua, esencial y hermosa:

“Hagan sonar la quipa; griten Jahuay, Jahuay,
paleen bien la parva, Jahuay, Jahuay, Jahuay

Ya el trigo estando en flor,
la tortolilla su leche chupará.

Doce avemarías rezaremos
por cada pajarito de aquí”.

Una pretendida reconstrucción del antiguo Jahuay, mezcla con grosería tonos y estridencias, con versos grosero y hasta danza que no existían en el original.

Abro el jardín encantado de los años que se fueron y encuentro los rostros de personas que conocí y emigraron en pos de una vida mejor, hallando la muerte en esa aventura conducidos con el engaño de algún coyote desalmado. (O)

¡Qué lastima, y qué pena!