La dolarización

José Chalco Salgado

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Era hacia el año 2000. Los anuncios que llegaría el fin del mundo, que se caerían las telecomunicaciones, que la internet dejaría de funcionar y que el Planeta entraría en una profunda oscuridad, todo, había sido superado ya. Pues nada de ello sucedió. La humanidad logró conservarse sin necesidad de una Arca de Noé II y búnkeres que soporten un terremoto de magnitud. El siglo XXI llegó.

Pero todo era incierto. Tan incierto que lo menos claro era la economía del país. En aquella época había una depreciación en picada de la moneda que circulaba, una crisis cambiaria, financiera y fiscal. Al sucre nadie lo quería. Todos lo cambiaban por dólares norteamericanos. Las calles del centro de la ciudad -Gran Colombia y Luis Cordero- se inundaban de personas que en fila buscaban cambiar los pocos sucres de su sueldo. El sucre simplemente era impopular. No valía.

Yo tenía 10 años de edad. El fiambre de la escuela cada semana no alcanzaba más. En las pequeñas tiendas cercanas los precios se incrementaban cada día. Teníamos en los bolsillos miles, sí, miles de sucres para muy poco comprar. Al inicio eran 1.000 sucres, después 3.000 sucres, inmediatamente 5.000 sucres, hasta llegar en pocos días a 10.000 sucres como fiambre que permitía algo en el recreo escolar adquirir. En las tardes, a la salida de los estudios en el Conservatorio de Música junto a Estéfani, intentábamos comprar un helado a la señora del carrito que vendía afuera. Era difícil. El mismo helado de vainilla aumentaba su costo de lunes en lunes, no había referencia, los precios crecían y nada tenía estabilidad.

Luego entendí, que todo ello era propio a un panorama económico de depreciación incontrolable y espiral hiperinflacionaria que se agravaba con la quiebra del sistema financiero en el Ecuador. Fueron tiempos de crisis. Para palear la situación, el 9 de enero de aquel 2000 se definió al dólar como moneda de curso oficial. Habían más dudas y menos certezas. Pero el sistema se llegó a estabilizar, la inversión pública y privada aumentó, la inflación notoriamente redujo, los premios de riesgo bajaron, los créditos recuperaron tendencia de crecimiento, la productividad mejoró y hubo estabilidad macroeconómica.

A la final, fueron amplias las ventajas. Se cumplen 19 años de la dolarización. Fue una medida que costó y obligó a repensar a la economía del país. Hoy se puede evaluar que la dolarización ha sido la decisión que ha permitido que el Ecuador avance y no se hunda en la crisis que incluso vecinos países han debido afrontar. Hay que apuntalarla y tomar medidas suficientes que permitan conservarla como un tipo de cambio fijo que implica, por supuesto, retos; pero que a la vez permite palear los denominados shocks exógenos entregando un ambiente más sano para la economía. La dolarización por supuesto que a todos costó. Pero su efecto es innegable. La realidad no puede olvidar aquellos tiempos, y aún menos, los actuales momentos. (O)