Entre dicotomías e ironía se mueve la obra “El Vendedor”

Un trabajo con muchas sorpresas, porque hay dos aspectos base en el hilo conductor: el humor negro y lo políticamente incorrecto, no es una obra que expresa un contra o favor a alguien, es tomar lo contestatario que tiene el teatro.

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Galo Escudero, el director, habla de todo lo que tiene en sus entrañas esta obra de teatro. PSR

Le pregunté a Galo Escudero cuánto valía una cabeza y la corrección vino de inmediato: “El Vendedor” vende cabezas, pero hay otro que sale por ahí a ofertar cerebros” y todo, porque han visto que hay cabezas sin cerebros y cerebros sin cabeza. El stock de cerebros es demasiado grande y las cabezas son pocas, lo que deja ver que en el mercado se venden muchas cabezas y pocos cerebros.

No se trata de hacer un trabalenguas, pero la idea de esta obra de teatro que está por salir a escena y que se denomina El Vendedor va por ahí. La dicotomía presente se debe a algo sencillo: la gente, el consumidor, el cliente paga por lo que ve afuera y no siempre por el contenido interno.

Entonces, ahí viene la primera ironía de la obra: pocos son capaces de discernir, estamos llenos de militantes con muchos pro -pro aborto, pro ambientales- estamos llenos de adjetivadores, esnobistas, gente que se integran esas corrientes. Por lo tanto, el tema de esta propuesta teatral que estará en la Alfonso Carrasco es el valor que se quiere dar a una cabeza que integra esos círculos.

Pagar por una cabeza

¿Cuánto está usted dispuesto a dar por una cabeza cuadrada, que normalmente sirve para los políticos y ese tipo de personajes? ¿Cuánto pagaría por una cabeza indígena, rubia o negra? ¿Cuánto cree que se podría dar por una cabeza hueca, hay demasiadas y pocos se interesan por el cerebro de una testa? Esas son tres de las tantas inquietudes que surgen cuando se habla de la cabeza y al valor que se da a esos aspectos.

Para hablar de El Vendedor hay que conocer las razones que mueven crearla, partiendo de aquel cuento escrito por Galo 26 años atrás, para hablar de elementos como la intolerancia a las ideas, a la raza, al pobre, al rico.

El Vendedor -protagonizado por Francisco Aguirre y Valeria Guzmán- es el hilo conductor de la obra. En el trayecto de ella van apareciendo diferentes cabezas que conducen a historias diversas, unas escritas por Leonardo da Vinci, otras de Jacques Prévert, algunas recopiladas por André Bretón, todas esas adaptadas a una visión de Pancho, Galo y Valeria para contarla en un espacio como Cuenca, como también fuera de ella y de Ecuador.

Entramar esas historias no fue difícil. El cuadro inicial es una construcción de los tres involucrados en el proyecto; el cuadro central tiene una estructura que lleva al cuadro final, donde el vendedor tiene el hilo conductor, y en el fondo está la estética basada en el esperpento en cuanto a la parte visual, al humor negro y a lo políticamente incorrecto que está presente en toda la obra.

Un trabajo con muchas sorpresas, porque hay dos aspectos base en el hilo conductor: el humor negro y lo políticamente incorrecto, no es una obra que expresa un contra o favor a alguien, es tomar lo contestatario que tiene el teatro.

El mercado

Las cabezas y cerebros no tienen mercado por internet ni en estantes de comisariato. Un vendedor callejero que oferta y sobre todo pone el dedo en la llaga, le da la cualidad de una obra fuerte, intensa, real. Los actores y director se corren el riesgo de ser “apedreados”, no literalmente, pero recibirán críticas de un lado y de otro.

María Augusta Cedillo trabaja en las cabezas a ofertar, el vestuario, elementos de escenografía. Cabezas reales y cerebros que en un aspecto genérico aluden a lo que ayuda a pensar. Textos y dos actores muy potentes. El Vendedor retoma esa cualidad que se vino a menos en el arte escénico, como es la creación colectiva. La idea de los actores y director es llegar con esta propuesta a otras geografías. (BSG)-(I).