Arte con mensaje de denuncia ante la contaminación

Lo que el “boom” mediático no lo hace, el arte sí se atreve. Hay que ser osados para hablar de eso que todos los ven y lo callan.

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n recorrido por la subida de la calle La Condamine permite constatar ese nivel de contaminación, que el arte lo toma en cuenta. PSR

Hay vivencias de la ciudad que en los medios de comunicación o en las redes no se cuentan. Son aspectos, cosas, momentos, situaciones que están ahí, forman parte del paisaje, del diario vivir de Cuenca, de la gente, pero se han ganado la indiferencia.

Pero basta con caminar y observar para darse cuenta que las paredes, ventanas, vitrales, techos de las casas patrimoniales erigidas al margen izquierdo y derecho de la calle La Condamine y las de El Vado también son grises, su textura está marcada por la espesa capa de polvo y esmog que se han acumulado con el paso de los años.
Las piedras del extenso muro que está a lo largo de La Condamine, irónicamente denominada como calle “La Contamine” son negras. El esmog, el tiempo y el descuido se aliaron para darles ese color.

El encuentro de esta realidad se dio en el marco del proyecto “Bienal Ciudad” que realizó “Cuenta Cuenca Cuenta”, el sábado anterior. De esas cosas casi no se habla, peor de otras historias más aterrorizantes que no tienen que ver con las cosas, sino con la gente que allí trabajó y trabaja, artesanos que dieron al lugar identidad, presencia cultural y paisajística. No, nadie habla de los estragos de salud y vida que sienten los que viven y trabajan en el tradicional barrio de El Vado.

Lo que el “boom” mediático no lo hace, el arte sí se atreve. Hay que ser osados para hablar de eso que todos los ven y lo callan. Caminar por La Condamine y conversar al mismo tiempo es imposible, el ruido de automotores y bocinas no lo permiten, son tan altos que ningún oído humano puede soportar semejantes decibelios. Y qué decir del humo negro producto de la combustión mecánica de los vehículos. Ese humo grisáceo, silencioso y mal oliente es el peor.

María José Machado es la atrevida que por medio de su obra pone en evidencia lo que allí pasa. Ella investigó en las entrañas de los talleres artesanales que por años se asientan en el lugar, para dar con una realidad tan negra como el esmog contaminante, y plantear su obra “Blanco Nebluno” con una técnica única: “Esmog sobre madera, ocho paneles, biografías 2018”.

Las obras que resultaron del proyecto artístico de María José Machado se exhiben en la Casa de los Arcos. PSR

En este trabajo, Machado “asume el cuerpo como una “noción cultural” que no solo comprende los aspectos anatómicos y fisiológicos sino los comportamientos sociales y sus significados…”. Será destino o coincidencia pero, el artesano de la hojalatería, el hormador de sombreros, el peluquero, murieron de cáncer. El último en partir dejando su padecimiento fue Belisario Durán Guerrero, afectado por un mieloma múltiple.

Así, el arte habla de lo que otros medios ni siquiera se inmutan, no les causa impresión. Y lo hace en el marco de la XIV edición de la Bienal con la propuesta de pintura expandida con estrategias propias de la estética relacional, con la que se enfoca en los temas de contaminación ambiental que afectan a un barrio histórico, tradicional, emblemático del Centro Histórico.

Hay que contar para conmover (ojalá resulte así). Si una persona entra en el taller-almacén de Juan Gutiérrez y pasa por uno de los elementos exhibidos el dedo, la mano o un pañuelo se dará cuenta de la cantidad de esmog que queda en la piel o la tela. No son partículas en suspensión de hollín, ceniza, polvo o metálicas impregnadas por el tiempo, no; los niveles de emanación son tan altos que cada partícula se impregna con facilidad sobre las láminas de lata o cobre.
Qué decir de un travesaño metálico donde cuelga el arte de Juan y del pequeño letrero o señalética que dice: “Ya estamos cansados de ruido y esmog de autos”. Un día el letrero fue blanco y el travesaño plateado, ahora son negro-grises, los reviste esos terribles agentes contaminantes. Juan, quien trabaja por más de 30 años, está resignado a pasar sus días allí; su hermana le ruega para que abandone el lugar, pero es su única fuente de trabajo y de subsistencia.
Sorpresa causó ver, cómo al pasar la mano por la pared del pasillo de la Casa de la Arcos (donde se exhibe la obra de Machado) quedan las huellas de los dedos que arrastraron la capa de hollín. El mismo muchacho inquieto y curioso que lo hizo se quedó anonadado. (BSG)-(I)

Las piedras de los extensos muros están negras por la capa de esmog que día a día se acumula. PSR

TESTIMONIOS

Los testimonios de vida y casi de muerte que tienen los que permanecen por residencia o trabajo en el sector de La Condamine son una especie de alerta de auxilio. “Hablamos con los funcionarios por el tema del esmog, nos dijeron que los buses deben seguir circulando por aquí…”, dice Guillermina Chuqui, del restaurante El Niágara.
“Las contaminación es un tema de debilidad política, hablo de los 25 años que llevo aquí, no han existido decisiones”, expresa Eduardo Moscoso, de El Prohibido Centro Cultural. “Tenemos gripe y molestias en la garganta, pero a pesar de todo El Vado es un barrio patrimonial, lleno de tradiciones…”, opina Isabel Muñoz, del Restaurante El Criollito.
El arte se convierte entonces en un canal de denuncia, los lenguajes son otros y no necesariamente parten y se consolidan desde lo decorativo sino desde la denuncia y la concienciación. (BSG)-(I)