Mis mejores deseos

Bridget Gibbs Andrade

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Estamos ante un año prístino, limpio y puro. Cuando pienso en la generosidad que el Universo nos otorga en cada vuelta al sol, mis brazos se abren en agradecimiento por el ayer, el presente y el porvenir. No nos sobrecarga con más de lo que podemos aguantar, nunca… Y es por eso que debemos ser gratos con las experiencias que han tocado a nuestra puerta, las que se han quedado el tiempo necesario para enseñarnos “lecciones subliminales” y se han despedido, cuando, por necedad, a fuerza de golpes y lágrimas aprendimos. Justamente esas enseñanzas son las que marcan nuestra vida de una manera positiva.

Nos ayudan –entre otras cosas- a enfrentar nuestros terribles miedos, esos miedos que paralizan, que nos dejan sin habla y hacen sudar las manos. Y, cuando por fin entendemos que con mirarlos de frente los vencemos, misteriosamente nos abandonan. Romper las cadenas que nos atan a hacer lo que socialmente es correcto por temor al rechazo, a vivir pendiente de lo que el resto piensa de nosotros, a dejar que otros menoscaben nuestro amor propio –con nuestra venia- cada vez que asentimos, cuando en realidad queremos gritar “¡Basta ya!”, es otra enseñanza.

Hoy, pienso que deberíamos trazar un mapa con el lápiz de la osadía, deshaciendo tabúes mezquinos que retrasan el cambio de dirección que nos llevará a conquistar lo que nos apasiona; cuando todos sabemos que al hacer lo que nos apasiona, la vida se vuelve tornasolada. Espero que su propósito de ser felices sea más fuerte que el de permanecer –por comodidad o cobardía- en un lugar o una relación rodeados de mediocridad e infelicidad. Si lo hacemos, nos defraudamos a nosotros mismos, a nadie más.

Otra enseñanza que me han dejado los años y la que más ha calado en mí es la autenticidad. Esa cualidad que proyecta transparencia, aplomo, alegría y sinceridad. Sin ella, es muy difícil ser coherente consigo mismo y con los demás. Les invito a que hagan el intento, se sienten a menudo con ella y caminen de su mano.

Por lo demás, estimados lectores, reciban un caluroso abrazo y mis mejores deseos para este nuevo año. Reciban también una lluvia de buena energía para que, con valentía y arrojo, se aventuren a cumplir aunque sea uno solo de sus sueños. No corten sus alas, vuelen y alto, allá en dónde nada es imposible y todo es realizable. No posterguen la llegada de metas y anhelos que por derecho son suyos y de nadie más…
Un próspero y bendecido 2019. (O)