Testamento que deja el 2018

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De este mundo me voy
sabiendo que soy el que soy,
no quiero que mi dolor
al final cobije al Ecuador.
De ahí mis herencias,
también mis querencias,
comenzado para don Lenín,
el cuántico sin fin:
herede de mi cuero la pomada,
pues su popularidad está de bajada
y en las encuestas se va de nariz,
peor si subió la súper y la ecopaís,
haciendo el bien y el mal
desde su silla neoliberal.

Como antes lo hizo con Glas
al que se quitó de encima de un tas,
ahora apenas movió la uña
se deshizo de la Vicuña,
la de los diezmos la alcancía
engordando silueta y su cuenta noche y día.
Por eso mi cuántico licenciado
merece mi otro legado:
la paciencia del caimán,
pues como le dijo la Tibán,
aunque no se peine en el espejo
no tiene nada de pendejo.

Ya sin fuerzas y raquítico
sé que he sido un año político
y en su pozo inmundo
se bañó todo el mundo:
Desde la abuela Dora
la de los diezmos recaudadora,
hasta la Espín la sociolista
intentando salvar al aliancista,
pasando por el prófugo contralor,
el ‘serrajo’ tocho y picaflor,
el fiscal de leva y calva
que por sapo con la escucha casi se salva.

Lo único que me llevo
es el apellido del Otto el relevo,
oleado y bendecido en ese puestazo
por Nebot y el Guillermo Lasso;
y ¡qué caracho!
también me llevo el secreto del alias Wacho,
al que no querían vivo sino muerto
para que no sepa lo que hacían en San Lorenzo, su puerto.
También va conmigo el grillete del Alvarado
el nuevo rico del país chaspado,
las incobrables glosas
a los aliancistas verdes y sus mozas;
igual las cuentas de los que siendo de los arrabales
las abrieron en los paraísos fiscales.
Si a esta altura aún sonríes
también me llevo la desgracia del IESS,
el millonario mendigo durmiendo en cartón
como lo quisieron Espinoza, el Mashi y el quijada de balcón.

En el camino a Alausí
dejo enterrando el bisturí
que siempre evadía
el verde Lenín para hacer la cirugía
a la maldita corrupción
tal como lo ofrecía con ira y pasión;
es que siendo del mismo ombligo
señor notario, medito, pienso y digo
que abriendo por el hondo y el redondo
todo, todo todito ha de estar hediondo.

Mientras canten la Pena de mi Viejo
o el “yo no olvido, yo no olvido al año viejo”
les dejó mi alforja llena candidatos,
más de 70 mil entre menos malos y mojigatos.
Sabido es que con o sin razones
en Ecuador son un deporte las elecciones,
la disputa entre los que están en la teta
y los que quieren meter su jeta;
mejor dicho entre los que maman
y los que no maman.
Les heredo candidatos de todo: cantantes,
trans, exfutbolistas y amantes;
faranduleros, funderos, exmises
y viejos verdes con pasados grises.
También les dejo a teatreros y periodiqueros,
Buenagentes pasajeros y exsanducheros,
tucos mamelucos, caretucos y los tercos,
igual los contrabandistas y chuchumecos.
No faltan los oportunistas y aborregados,
los de alcurnia y los renegados,
los que por buen sueldo y sillón
se olvidaron de su profesión,
optaron por buen carro y buen yate
y hasta por cama, dama y chocolate.
Allí también están los sabiondos,
todólogos, opinólogos, lirondos,
mágicos y adictos a la quimera
que jugaron a la ruleta financiera.

También como candidatos os dejo a exreos,
y aunque les cauce mareos
a churrascos y regalaleches,
y si por sí sal me eches
a marchistas ricachos y engreídos;
a los que no les importa el orto
y defienden el aborto;
También los de la década robada,
la menguada gallada
que escondida en el anaquel
se cobija en la 5 del santo Espinel.

Veo notario que ya no hay papel,
pero escriba que esta torre de Babel
que de candidaturas dejo
es el auténtico reflejo
de lo que hay en la fauna politiquera
de este Ecuador de cualquiera,
donde movimientos de pacotilla
crecen como ratas en alcantarilla.
Muchos, de las listas fueron hechos a un lado
por el dueño del tinglado,
ahora quieren ser mis viudas
aunque no me gustan por picudas,
salameras unas, boquirrubias las más,
y en mi cortejo están demás.

Al final de este testamento
rebuzna un jumento,
reclamando cual jirafa
la parte de don Rafa;
pero nada queda en este mundo selvático
para el Loco del Ático,
a no ser que se ponga tras las rejas
como quien le cría pelo y cejas,
teja redes y siembre acelga,
o prefiera morir en la casa de su belga…

En mis últimas horas
como en jaula de loras,
me llora una que otra viuda:
María Alejandra la buda;
Gabriela la licenciada,
Marcela la glosada,
Rossana la retirada
Sofía la procesada,
María Fernanda la premiada;
también uno que otro llorón
como Ricardo el del florón,
Glas el pelón y comilón,
Alexis, el des-letrado,
Virgilio el acholongado.
A todosellos y a todasellas
más les vale el auxilio
del que vive en al autoexilio,
a mí eso no me conmueve
y creo que tampoco al 2019. -(O)

Por Jorge Durán Figueroa
Redacción El Mercurio-Cuenca

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