Fragmento de mi discurso

Josefina Cordero Espinosa

393

“¡Hay! Ya ha pasado el tiempo de mis años más bellos;
Se fue la primavera de mi vida
Y el ave de juventud ha alzado su vuelo rapidísimo.
No sé cuándo ha venido, ni cuándo se ha marchado”, Omar Khayyam

La Academia Ecuatoriana de la Lengua, me distinguió designándome como su Miembro Honorario. En el acto protoclario de incorporación agradecí emocionada evocando el campo que ha sido fuente principal de los temas que escribo y, entre otras cosas:

“Campo donde el galopar de los caballos dejó sus huellas en los antiguos caminos y el tropel girando en las eras durante las trillas desgranaba espigas, mientras en los árboles frondosos un coro de jilgueros cantaba romanzas de vida y desde los rastrojos las tórtolas levantaban un vuelo ruidoso anunciando su presencia.

“Campo hermoso ennoblecido con la sencillez de su gente, llena de cariños espontáneos y de la sabiduría que les proporciona su terruño; gente que une en su forma de ser corazón y mente, reproduciendo para sí el concepto hebreo del conocimiento que no es otro que la posesión de afectos y felicidad iguales a los sentires que reparte el paisaje, la luz, el viento, la lluvia, el sol y la luna, entre los extremos de gestar para nacer y de vivir para morir.

“Sentimientos campesinos que se agolpan en mí ser como hacen los rebaños en la puerta del aprisco, para decir gracias a los miembros de la Academia Ecuatoriana de la Lengua, a Susana Cordero y a mi primo Simón Espinosa…”

Desde esta columna a todos los lectores amigos que me animan siguiendo lo que escribo semana a semana. (O)