Un traje a la medida

Hernán Abad Rodas

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Desafortunadamente, continuamos sometidos a la Constitución correísta de Montecristi; a la misma que considero la carta magna del totalitarismo, que nos fue impuesta por una mayoría de obnubilados y fanáticos de Rafael Correa.
Con la mencionada Constitución, se instituyó un presidencialismo absoluto, totalitario, despótico e impune, es decir, se retrocedió en democracia, aunque se creó la Función de Trasparencia y Control Social, que resultó ser justamente la herramienta del totalitarismo.

Montecristi, nos sumió en el más escandaloso retroceso institucional y nos llevó al borde del descalabro económico y social.
Muchos ecuatorianos NO nos equivocamos cuando pensamos que, la Constitución de Montecristi fue confeccionada, como un traje a la medida del ex presidente Correa: “Es la mejor del mundo, la única que reconoce derechos a la naturaleza, la más garantista”. Durará 300 años repetía el déspota, hoy prófugo de la justicia y protegido por la interpol, mientras invitaba a los ecuatorianos a aprobarla en las urnas.

Montecristi, lugar donde se elaboró la Constitución actual la tierra que vio nacer a Eloy Alfaro, aún llora, y con sus lágrimas humedece la vida oculta en sus entrañas; llora porque Rafael Correa, un gobernante autodenominado “revolucionario”, megalómano y enfermo de poder, le pidió al pueblo que vive sumergido en el hambre y la miseria, darle al ejecutivo todos los hilos de la política; le pidió al pueblo que acepte que la justicia esté en manos del presidente como ya estuvieron los otros poderes del Estado y, para cubrirse del todo las espaldas, se le pidió mediante referéndum que apruebe la ley mordaza contra la prensa escrita, televisiva y radial.

Montecristi sigue llorando, porque la mayoría de los ecuatorianos han buscado refugio en el silencio, porque los oídos de algunos de sus gobernantes se han cerrado al susurro de los débiles y sólo escuchan el tumulto del abismo, y consideran más prudente que el débil, calle frente a las fuerzas tempestuosas del poder político pseudorevolucionario que aún gobierna.
Vivimos una época, cuyos hechos más pequeños son más importantes que los más grandes del pasado. Los supremos valores como la libertad, la verdad, la paz, la justicia, que engrandecieron corazones y pensamientos, todavía están en la penumbra. Los sueños de libertad, democracia y cirugía mayor a la corrupción se desvanecen como bruma, y son sustituidos por fantasmas que caminan como tempestades, corren como huracanes y respiran como volcanes.

El laberinto normativo que impuso la Constitución de Montecristi, ampara la impunidad, impide la moralización y salpica de lodo la democracia.
La Constitución de Montecristi es totalitarista y por lo tanto retrógrada y letal para nuestro Ecuador, pero lamentablemente no hay consenso para una Asamblea Constituyente, más bien haya un cierto temor inexplicable, pues según algunos constitucionalistas de reconocido prestigio profesional y ético, si existe una salida digna y democrática.

Presidente Moreno: extirpe la corrupción, libere a la justicia del cautiverio, o un día no muy lejano, la sangre que se derramare por el arrastre de las cadenas de la corrupción y la impunidad, se transformarán en ríos de elíxir, y las lágrimas de la infelicidad producidas durante una década por Rafael Correa y sus acólitos, brotarán como flores, y aparecerán detrás del horizonte como una nueva aurora, y la primavera retornará a nuestro Ecuador.

Compatriotas, despojémonos del indignante manto de la docilidad perruna, que “democráticamente”, durante una década nos cubrió nuestra libertad y dignidad. (O)