“El Chazo del Sur”, un estilo de vida

Tito Astudillo y A.

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Cuando hablamos del especial estilo de vida del habitante de nuestro campo y del campesino blanco austral más específicamente, necesariamente tendremos que referirnos al Chazo, del quichua: chazu = campesino blanco, según Oswaldo Encalada Vázquez, y al “Chazo del Sur” con más propiedad, casi mítico personaje del imaginario popular regional, pero real; legendario protagonista de la cotidianidad campesina colonial y republicana hasta nuestros días desde diferentes actividades, pero siempre en relación con el campo y las labores productivas de la hacienda y de la finca; actor principal de la vida religiosa, política y social del agro, del folklore y de toda una cultura expresada en el día a día de terratenientes y mayordomos, de finqueros, arrieros y negociantes, contrabandistas y bandoleros, priostes y romeriantes, feriantes y mingueros, paseantes y cabalgantes de la cacería, de la fiesta y de la escaramuza. De esa cotidianidad especial, ritual y culto del caballo, porque no hay chazo sin su caballo ni buen caballo que no dome un chazo. Reflexión a propósito del video clip de Bolívar Ochoa, “El Cazho del Sur” que se puede disfrutar en YouTube.

Considero una descripción muy original, vivencial y romántica de lo que es y significa este personaje del día a día de nuestro campo, usos y costumbres heredados de generación en generación y la trascendencia de esta cultura forjada en la geografía regional sumando saberes, costumbres y rituales para armonizar su arraigo a la tierra, a su gente y a su paisaje. En los tres minutos que dura el albazo inédito, “El Chazo del Sur”, de Bolívar Ochoa, se asiste a un viaje por el sorprendente paisaje de Nabón, Oña y Susudel, como detenidos en el tiempo; su arquitectura tradicional hecha de fantasías en barro, madera y teja que persiste dando vida a entornos de ensueño como Cochapata y Nabón; una muestra de diseño arquitectónico religioso que fusiona estilos, materiales y saberes en las iglesias de Nabón y Susudel; casas de hacienda típicas, de grandes corredores con balcón de madera, sala con aposentos laterales, cocina y comedor comunal; paisajes agrícolas exuberantes, como al pie del Namasara, que antaño albergó míticas haciendas y tambos al Oriente como El Paso; y toda la tradición y ritualistica del chazo y su caballo en la cotidianidad, paseo y escaramuza: alazanes, negros, moros, bayos castaños; y los aperos, sudaderas, mantas de colores, monturas de silla redonda, riendas tejidas de cuero y adornados con dijes de metal; y los chazos con sus sobrios ponchos, sombreros de paja toquilla, zamarros, botas y espuelas de plata.

El Chazo del Sur sería el equivalente del “chagra” de la sierra centro y norte y del “pupo” del Carchi, como analiza Manuel Carrasco Vintimilla, con sus respectivas variantes determinadas, fundamentalmente, por el clima, la cosmovisión y las destrezas que se manifiestan en la indumentaria, en ritos y pertrechos. Alrededor de este personaje se ha desarrollado toda una cultura que se manifiesta en la arquitectura regional, en la religión, en ocupaciones y oficios, en la vestimenta, gastronomía, literatura, música, danza, pintura, artesanías, conmemoraciones y la fiesta, valores que deberían ser rescatados y puestos en valor como motivos de identidad regional. (O)