Selva Arutam, recreada en el bioparque Amaru, para el hábitat de dos jaguares

En el bioparque Amaru se ha adecuado el espacio denominado Selva Arutam que acoge a Ikiam y a Goia.

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En el bioparque Amaru hay un sendero de casi una hectárea (ha) de interpretación de lo que es el jaguar.

Imponentes. A momentos lentos y vigilantes, y al instante rápidos y raudos, dos jaguares se mueven entre la vegetación y árboles de un espeso bosque de la parroquia Paccha, al noreste de Cuenca.

Son un macho, de seis años, al que han bautizado como Ikiam; y una hembra, de cuatro, llamada Goia. Hasta hace un año vivían en un centro de rescate en la provincia de Morona Santiago bajo vigilancia del Ministerio del Ambiente (MAE).

Ahora ocupan un área natural de unos 500 metros cuadrados (m²), dentro del bioparque Amaru, que ha sido acondicionada por sus administradores para darle un ambiente tropical y similar al de la Amazonía.

En este espacio, donde el sonido de la ciudad es casi nulo, hay plantas y maderos traídos desde el Oriente, también cae llovizna, que es artificial, con la que se simula la selva amazónica.

Ernesto Arbeláez, biólogo y director del bioparque Amaru, explicó que este espacio precisamente por estas características ha sido nombrado como Selva Arutam. Este último término quiere decir el gran espíritu de la gente indígena Shuar.

Como parte del hábitat, de acuerdo con Arbeláez, tienen previsto construir algunos kilómetros (km) de túneles. Actualmente para los dos felinos, que son parte de los cerca de 1.300 animales que tiene este centro de rescate, hay tres cuevas.

“Nos encantaría que los animales estén en estado natural y poderles admirar allá, pero mientras el ser humano no cambie su actitud frente al ambiente eso no va a ocurrir…”, dijo.

Al ingreso de lo que es la Selva Arutam hay letreros, en fondo verde y con grandes fotos, con una explicación detallada de lo que son las adaptaciones del bosque húmedo tropical.

En un cartel que pende de un árbol igualmente está una leyenda del jaguares e información sobre lo que significó este mamífero para la cultura azteca. En otro está la pregunta ¿Sabías que al jaguar le dicen otorongo?

Igualmente hay un rótulo con el título: Jaguar en los Pre Incas, y el texto: “Para las culturas ancestrales de Ecuador y Perú como los Chavín, el jaguar junto con el águila harpía y la anaconda son representados en seres antropomorfos…”.

Y continúa: “… son los tres animales más poderosos, no solo de Sudamérica sino de toda América. Los cazadores, recolectores antiguos y contemporáneos en la Amazonía, usan el espíritu del jaguar…”.

Milton Solano, quien fue uno de los primeros visitantes de la Selva Arutam, sabe que el jaguar es el felino más grande de América; y tiene una visión binocular nocturna y uñas retráctiles.

Una de las cosas que más admira de este animal, y que le recuerda cuando trabajó en una empresa petrolera en la Amazonía, son las rosetas en la piel que le sirven para camuflarse al momento de cazar.

Para Miriam Ortiz, otra visitante y estudiosa de esta especie, en Ecuador en los establecimientos de rescate hay no más de 20 jaguares, y en la provincia del Azuay, en estado natural no pasan de dos, en las parroquias Chaucha y Molleturo.

“Por eso es tan necesario que se apoye este tipo de iniciativas que buscan la preservación de estos animales, que como todos ayudan a tener un equilibrio en el ecosistema y uno de los beneficiados es precisamente el ser humano.

El bioparque Amaru tiene un plan para la venta de algunos productos que tienen distintivos del jaguar con el fin de buscar financiamiento para el cuidado y capacitación en comunidades. (I)