Teoría pendular

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Cada vez son más raros, en algunos casos piezas de museo. Hace unas décadas los relojes de péndulo en elegantes muebles eran parte del mobiliario decorativo de casas importantes. Además de cumplir con las funciones de un reloj, su vaivén asociado al tic tac, visualizaba el rítmico curso del tiempo. Para entender los cambios a lo largo de la historia, se recurría a este mecanismo con la idea explicar los retornos a situaciones que se consideraban superadas, recordando los versos de Jorge Manrique “Cuán presto se va el placer // Cómo después de acordado // Da dolor // Cómo a nuestro parecer // Cualquiera tiempo pasado // Fue mejor”.

Como testigos presenciales de los cambios de gobierno en los países democráticos, observamos que los nuevos gobernantes ofrecen acercarse a milímetros de la perfección al inicio de sus mandatos pero que, con las diferencias del caso, al retirarse dejan dudas y la idea en algunos de que lo anterior fue mejor. Al margen de precisiones físico matemáticas, este fenómeno se repite porque la inconformidad del ser humano es una importante cualidad que incita a hacer esfuerzos para mejorar. Una conformidad preponderante nos mantendría en la edad de piedra, de pronta más felices que ahora.

Fácil es recurrir al memorial de agravios destacando los reales o supuestos desaciertos de los perdedores, pero no está mal reflexionar en la incertidumbre, el cambio y el afán de superación esenciales a nuestra condición. Con o sin razonamientos sólidos, alterados a veces por la demagogia, al tomar decisiones políticas, partiendo de la más elemental: el voto, lo hacemos considerando lo que esperamos ocurra en el futuro incierto y esquivo, que requiere cambios, con la esperanza de que la situación global mejore. Que alguien vote para empeorar, se dá en perversas historias e historietas de ficción.

Politólogos y periodistas hablan de justicia electoral mediante los votos que premian o castigan la gestión. Sin dogmatizar, hay algo de realismo en esta posición, más allá de las rigideces ideológicas y las “lealtades” partidistas. Los candidatos y sus organizaciones que triunfan para continuar gestiones reciben un “premio”, aunque se considere un mal menor. Los que pierden al buscar mantenerse, reciben un castigo por defectos en el ejercicio del poder. Cuando el escéptico dice voté por fulano para ver si cambia el sistema, nos recuerda la expresión de esperar contra toda esperanza.

Admitamos que somos limitados e imperfectos y que, para opinar sobre lo que ocurrirá, debemos esperar un tiempo para constatar si las expectativas fueron o no realistas. (O)