Lo efímero del poder

Juan F. Castanier Muñoz

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Desde que gano su primera elección presidencial en el 2007, Correa y su combo mostraron siempre un triunfalismo exagerado, alejado totalmente de la humildad, de la ecuanimidad, del sano equilibrio con que debía ser asumido el triunfo electoral. Y ese triunfalismo, esa arrogancia, esa soberbia, esa vanidad, no solo que nunca fueron objeto de rectificación, de análisis serio, sino que, muy por el contrario, fueron creciendo, incrementando su intensidad, aumentando en el nivel de su discurso político y de sus arengas cotidianas, a la final, absolutamente atosigantes. Se jactaban, y aun se siguen jactando, increíblemente, de haber ganado como siete u ocho eventos electorales. Las campañas electorales se caracterizaban por slogans como el dar una paliza a los contrincantes políticos, o aquella famosa amenaza de Correa de que “si lo molestaban” volvería a candidatizarse a la presidencia de la república en el 2017, cuando el sabía perfectamente que las encuestas no le alcanzaban ni para llegar a una segunda vuelta electoral. Minimizaban y subestimaban a más no poder a los adversarios políticos. Cuando terminaron la Constitución en Montecristi, copiada en un 80% a la de l998, hablaron con total desparpajo de que se trataba de una Constitucion que iba a durar 300 años y ellos mismos, la cúpula del oficialismo se encargó de violarla a la vuelta de la esquina cuando permitieron una prórroga de la Corte Constitucional que no constaba en ninguna ley ni reglamento, y más tarde se inventaron un “congresillo” que resultaba un parto de los montes.

Los cálculos no eran muy difíciles: si controlaban todos los poderes, incluido el electoral; si gracias al bono solidario, a los 150.000 contratados en el sector público y más los beneficiarios del bono de la vivienda, “disponían” de casi unos cuatro millones de votantes “secuestrados”, a su favor; si las leyes electorales, hechas por ellos mismos, les beneficiaban abierta e inmoralmente en cualquier elección, pues, podían quedarse en el poder y disfrutar de sus mieles, por lo menos, por unos 30 o 40 años más. ¡Claro, si su líder nos repetía hasta el cansancio, “somos más, muchísimos más”!, Y cuentan las malas lenguas que ya tenían los nombres de los candidatos presidenciales, por lo menos hasta el 2050.

Pero, como dice un pensador, quien no recuerda la historia está condenado a repetirla, y resulta que como ha sucedido a la gran mayoría de aquellos que sonaron con eternizarse en el poder, hoy Correa, con orden de prisión por el secuestro de un opositor a su gobierno, sin influencias sobre los fiscales ni jueces, lejos, muy lejos, del otrora poderosísimo teléfono celular del inefable Alexis Mera, con una jorga de sus panas enjuiciados, presos o fugados, debe estar meditando en cuales fueron los errores que cometió para hoy hallarse en esta terrible como vergonzosa encrucijada, Mejor, mucho mejor hubiera sido que actúe siempre con apego estricto a la ley, que no nos mienta y que renuncie a su obsesión por el poder. ¡A lo mejor la historia era diferente! (O)