Democracia en construcción

Eduardo Sánchez Sánchez

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Un Gobierno es democrático al ser gestado por voluntad popular, aunque pueden primar trucos y triquiñuelas que fructifiquen inequidad estructural y falacias en el escenario electoral que aplicando argucias de las más variadas, inundaron de sus beneficiarios y obedientes todas las instancias del aparato público. Así se explica la hipótesis que durante 10 años la libertad estuvo secuestrada a los extremos que se desarticuló la institucionalidad.

La verdadera democracia se sustenta en la cultura del pueblo, en partidos políticos sólidos, establecidos nacionalmente y distantes de caudillos y populismo efímeros. Al parecer no existe una identificación de los obligados electores para la contienda de marzo 2019, y es extraño por decir así, las más de 9 millones de firmas que utilizaron para inscribir tantos movimientos y partidos en el periodo del Sr Domingo Paredes. En otras palabras con un actual padrón de más de 12 millones, casi todos los empadronados son miembros de un partido o movimiento político, asunto que no puede ser verdad. Luego del acto electoral se constatará la veracidad de lo presentado, cuando existan partidos que no obtengan ni el número de los votos registrados como adherentes firmados. Imposible creer que los ciudadanos de la calle, interpreten asuntos programáticos y que tengan formación política que les permita actuar de manera correcta. Suman factores como la selección de artistas, deportistas, presentadores de shows televisivos, etc, que realmente no tienen preparación para el efecto, haciéndome eco: “zapatero a tus zapatos”. Esto es improvisación, alza manos, mediocridad, estafa y engaño a los intereses del pueblo en desarrollo y progreso en sus elementales intereses. Entonces se cosecha el discurso de que no interesa la ideología política, que el ciudadano consigne su voto por quien más conozca que con certeza será el de la farándula, que nutren el populismo y el fracaso de una pobre e inmadura democracia. De esto la impostergable necesidad de sembrar Democracia, cultura cívica y responsabilidad, moral y ética en el accionar de los seres humanos y más aún en aquellos que nos representan en los estamentos del poder. El Gran Bolívar dijo: “los legisladores necesitan una escuela de moral”. La Democracia tiene la obligación de respetar a las minorías y no engañarlas mediante tecnicismos electorales aplicados con la oportunidad de los intereses del Cacique y su séquito.

El partidismo político es trascendente en términos de alimentar la democracia, también es pésimo hablar de 15 o más grupos políticos y peor aún hablar del bipartidismo que es uno de los factores que ha desencadenado violencia y reparto de los Estados como objeto propio, como poder y como fuente de enriquecimiento ilícito de forma lícita. También el regionalismo mella tanto que se habla de candidatos de la costa o sierra, de Quito o de Guayaquil y falta quien integre a la nación en términos de dar trato equitativo y respetuoso, todos tenemos derechos al ser ecuatorianos y también obligaciones.

Que importante es poseer ideología política y fortaleza propias, porque lo del camisetaso demuestra todo menos consistencia, respeto por sí mismos y por los electores. (O)