Los ututos

María Rosa Crespo

1868

Odio a los ututos, esos bichos negros parecidos a los alacranes, todas las noches abandonan sus nidos y devoran, los árboles, las plantas y hierbas medicinales de mi pequeña huerta: el lamay, un árbol tatarabuelo del caucho que encontré por casualidad en los bosques de las yungas, el huallo y sus flores lilas, similares a las del fresno pero estas son amarillas, y las de la jacarandá azules. Hasta esos malditos han invadido la ruda, el tomillo, hierba buena, menta, romero, toronjil; ¿no sé qué pasará con las orquídeas? Ahora están adentro parece “La casa tomada” de Cortázar, se pasean junto al teléfono, encontré dos bajo una silla, otros caminando por las vigas, tres pegados en los cuadros. Ante lo irremediable, más vale dejar de lamentarse y contar la leyenda de su origen, hay algunas variantes, escogeré dos. El tema, el lugar, el protagonista, una maldición, son los mismos: los ututos, el barrio de San Roque, su párroco y el anatema. Cuentan los mayores que un fiel devoto de San Roque al ver al cura celebrando la misa comento, “tan morenito, parece ututo” al oír esto el párroco lo maldijo y los ututos se multiplicaron hasta San Joaquín. Otra leyenda narra lo siguiente: “Dizque el párroco tiene una moza, decían unos, otros lo defendían solo habladurías”, el cura al escuchar esto se puso muy molesto hasta lloró, maldijo a los supuestos calumniadores y vinieron al mundo los ututos. (O)