¿Fallas en formación y doctrina militar?

Ángel Vera

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Mucho me temo, en las Fuerzas Armadas, un debilitamiento en el espíritu y valores infundidos en la formación a su personal, porque dos delitos terribles, ocurridos recientemente, manchan de manera espantosa no solo el prestigio de las instituciones armadas sino toda la institucionalidad nacional, por militares que vendían armas y pertrechos a los delincuentes colombianos y por toneladas de droga encontradas en la base militar de Manta.

No es la primera vez que los traficantes de armas o narcóticos contactan con cuerpos armados, ya sea para dejar o ayudar a pasar sustancias prohibidas, o para obtener material bélico, pero ha sido la primera vez que dos hechos así ocurrieran casi al mismo tiempo.

Esto lleva a pensar en la facilidad con que los delincuentes se infiltran o permean organismos de Fuerzas Armadas; y, acaso en un debilitamiento de su formación en doctrina nacional y militar.

Una de las secciones clave de Fuerzas Armadas son sus Comandos de Educación y Doctrina y los de Instrucción. Ahí se define qué debe estudiar un teniente, en que se de le debe instruir a un conscripto, etcétera, pero también qué espíritu, ideas, ética y moral se debe inculcar al personal.

Se condena a un agente de tránsito que pide o exige un dinero para no reportar una infracción; hay un exvicepresidente, preso, vinculado a coimas de contratistas, más si pierde la integridad de un soldado o policía hay un peligro mucho mayor: peligra la seguridad de una nación entera.

Por eso, poco se soluciona si los implicados en los mencionados crímenes reciben duras condenas, mucho más importante es que los Comandos de Educación y Doctrina refuercen la formación en integridad, ética y espíritu militar. Recuerdo que, hace casi 30 años, los segundos comandantes calificaban, mensualmente, a cada oficial, en disciplina y espíritu militar. Ser soldado no es cualquier profesión, no puede ser visto igual a cualquier empleo, porque del suyo depende la seguridad y la paz nacional.

La selección de los que aspiren a lograr un grado militar debe ser estricta y su formación rigurosa, no solo en llevar las condiciones de su trabajo: patrullajes, marchas forzadas, pesadas guardias, eventuales enfrentamientos, sino en reforzar la formación en doctrina y concienciarles en que sirven al país, que de ellos depende el bienestar público y no pueden fallarles a sus ciudadanos.

Eran tiempos de finales de la guerra fría cuando en las filas se adoctrinaba contra dos enemigos: las “fuerzas rojas” (léase militares peruanos) y la subversión. Hoy son otros tiempos y otros enemigos: el narcoterrorismo, los irregulares armados al servicio de cualquiera…

La doctrina militar puede tener cambios, pero la orientación y valores en la formación militar son inmutables: crear en cada soldado conciencia de que están para servir al país y que en el cumplimiento de su misión no será tolerada ninguna debilidad, peor un desvío como deshonrar su uniforme al ponerse al servicio de los nuevos enemigos de la nación.(O)