De diezmeras y visitadoras

Mario Jaramillo Paredes

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La Asamblea Legislativa acaba de perder la oportunidad- con los casos de las recaudadoras y las visitadoras- de demostrar que puede recuperar la credibilidad perdida.
Los legisladores y sobre todo las recaudadoras que cobraron a sus empleados parte de sus sueldos para mantenerles en el trabajo, al parecer son más-muchos más- de lo que en principio se conoció a través de las denuncias. Y, como son más, no pasa nada porque entre bomberos no se pisan las mangueras.
Los diezmos consistían antiguamente en un impuesto del diez por ciento-como su nombre latino lo indica- que los romanos cobraban a una persona por lo que producía. Eran pagados al Estado a cambio de prestaciones como seguridad y servicios públicos.

El diezmo eclesiástico surgió cuando el cristianismo fue declarado como la religión oficial del imperio romano. Tuvo el agravante de que muchas veces se cobraba un doble diezmo: uno para las autoridades civiles y otra para las eclesiásticas. En los dos casos, el supuesto sobre el que se basaba era aquel de que todo lo existente provenía del emperador y de Dios y que, siendo todo, propiedad de ellos, justo era que por lo menos una décima parte de lo que una persona producía, fuera dado al emperador o a los representantes de Dios en la Tierra, para su mantenimiento y buen provecho.

La versión ecuatoriana de los diezmos no dista mucho del antiguo concepto romano y cristiano que luego fue trasladado a América junto con las primicias, exigencia esta última que consistía en donar a la iglesia los primeros frutos anuales que producía la tierra. Nuestros diezmeros legislativos-porque son más de uno- cobraron en los últimos años no diezmos sino veintenas o treintenas pues se han denunciado casos de empleados legislativos que eran obligados a pagar el veinte o treinta por ciento de sus sueldos al legislador que le había dado el puesto.

La defensa de algunos legisladores de la anterior y la actual Asamblea, es que fueron donaciones “voluntarias”, hechas “al partido”. Los diezmos y primicias en los tiempos coloniales también eran “voluntarios” como muestra del agradecimiento de los oferentes a su señor- Igualito que ahora, aun cuando hoy el señor con rango de Dios era el caudillo de la revolución dueño de todo lo habido y por haber, durante la década pasada.

En el caso de las visitadoras, nadie que esté en su sano juicio –excepción hecha de la Asamblea Legislativa- se traga la explicación de que la visita a la testigo protegida en el caso Balda, fue por razones humanitarias y que por pura “coincidencia” también estuvo una de las tantas abogadas de Rafael Correa. Sin embargo, parecería ser la versión aceptada, pues habiendo pasado días y días, nada pasa.

Espíritu de cuerpo, miedo a que salten numerosos casos de diezmeros, protección mutua o, una vez más incapacidad de fiscalizar y más aún de auto-fiscalizarse, son otras tantas explicaciones que la mayoría de la gente da a la conducta de aquellos legisladores que permiten que los dos casos sigan en la impunidad.
Una mancha más al tigre o a las tigresas involucradas hacen entender por qué la legislatura es una de las instituciones que menor credibilidad tiene. (O)