La cultura de la libertad

Hugo Darquea López

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Luego del 3 de noviembre de 1820 Cuenca tiene que afrontar la reacción de los ejércitos de la Corona española que pugnan por restablecer el dominio de la metrópoli con su hegemonía en esta parte del mundo y claro está, en franca contradicción con el espíritu libertario que animaba a los líderes americanos que proyectaban el futuro institucional del amplio mundo que aún permanecía dentro del dominio español. Nada pudo detener el ímpetu libertario, América tenía que ser libre y así fue.

Si ya se habían independizado las colonias anglosajonas de la hegemonía inglesa, si la misma España expulsó de su territorio al ejército francés poniendo límite infranqueable a la pretensión imperial de Francia, los patriotas de América con justa motivación en su legítimo derecho, lucharon por la independencia y lograron su cometido.
Desde l809 a 1825 la gesta libertaria, en procesos sostenidos de cruenta ejecución, logró definir el mapa del mundo, con las repúblicas que emergieron de los virreinatos hispanos con sus capitanías, presidencias y gobernaciones, entre ellas Quito el 10 de agosto de 1809, Guayaquil el 9 de octubre de 1820, Cuenca el 3 de noviembre del mismo año, para el 24 de mayo de 1822 consolidar la independencia de nuestra nación y en 1830 definir la creación de la República del Ecuador.

Desde esa época calificada como “El tiempo heroico” se han superado grandes problemas sociales, económicos e institucionales. Se ha definido el sentido mismo de la soberanía y se ha valorado la esencia de nuestro mundo mestizo al ser integrado por las vertientes nativas e hispanas.
En la perspectiva actual de la globalización, debemos fortalecer el vínculo de nuestras tradiciones y valores en función de la identidad y proyección del derecho a ser nosotros mismo en un mundo de iguales, destinado a la realización plena de aspiraciones y afanes, frente a los objetivos hegemónicos de las potencias económicas que no son, exclusivamente otros Estados, cuanto más bien trust y empresas multinacionales que dominan los mercados.

Otros y distintos factores de dominación se deben enfrentar. Son “imperialismos” de rostros ocultos que se manifiestan en el consumismo desenfrenado, la competencia desleal, y así nos parezca inusual designar, pero que por su larvada y siniestra presencia se deben afrontar en su realidad y que las evidencias lo designan como el cartel del crimen organizado.
Es que tal zarpa allí mismo está, destruyendo los valores sustanciales de convivencia, erigiendo los ídolos del confort y egoísmo, “dime cuanto tienes y te diré cuanto vales” destruyendo así el sentido de la dignidad humana para sustituirle por un monigote manejable por la perversión, la codicia y la estulticia. Es el nuevo dominio de un contenido y dimensión sicológica y antropológica. Hoy en día sin más se pretende inculcar el deseo de tener más en poco tiempo y sin esfuerzo ni honesto trabajo. Solamente importan los resultados y el mayor éxito posible sin importar los medios.

La cultura de la libertad, incluso los procesos que registra la historia política, es en su significado profundo, la realidad fundamental del ser humano.
Este proceso inédito, es el desafío del siglo XXI que nos convoca a la nueva independencia y liberación de nuestro “yo” en su trascendencia. (O)