Jhonatan Koupermann: “Necesitamos construir públicos, porque los hemos perdido. El público medianamente interesado o medianamente informado sobre una cierta oferta cultural es en Cuenca definitivamente limitado…”

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Jhonatan Koupermann

Jhonantan Kouperman se ha vinculado con la cultura local y nacional desde dos espacios: el institucional y el privado, aportando con lugares de creación y difusión de las propuestas artísticas que nacen en la ciudad y que llegan a ella. Su labor, desde la dirección de Pumapungo y desde Búnker, ha significado la apertura para el diálogo, la construcción y el encuentro del quehacer cultural que necesita esta ciudad…
¿Cómo empieza este vínculo, este trajinar con el trabajo en pro de la cultura?
– El vínculo con la cultura nos la inculcó nuestro papá, quien por su trabajo y sensibilidad nos llevó, desde siempre, en viajes a comunidades, a la selva, las montañas, a dormir en el campo y siempre hablándonos de historia, de animales… Luego, cuando decidí viajar para estudiar Bussines Administration en Inglaterra, me pasaba metido en galerías de arte, en castillos, en vestigios arqueológicos, en museos y justamente me llevó a pensar: ¿por qué no estudiar algo que tenga que ver con la cultura? Porque era lo que realmente me apasionaba. En ese momento me puse a buscar carreras que tengan que ver con la administración del arte y me fui a vivir a Milán para comenzar la carrera de Economía y Manejo del Arte del Entretenimiento y después me puse a trabajar en el Museo de Ciencia y Tecnología “Leonardo Da Vinci”, para luego trabajar en una compañía americana de materiales innovativos (en Italia se vive de manera amalgamada el arte, el diseño, la arquitectura). Ya en Quito, me propusieron un proyecto para coordinar actividades de los museos municipales y me incorporé en la Fundación Museos de la Ciudad. Lo que resultó de este proyecto fue un sistema de trabajo conjunto de los museos que lo llamamos el Sistema Metropolitano de Museos y Centros Culturales. Lo último que supe es que ya el sistema tenía más de 60 museos y centros culturales. Luego me llamaron de la Bienal de Cuenca: Diego Carrasco fue quien me invitó a ser parte de su equipo y me vine a vivir acá, después de 18 años de estar fuera. 9 meses trabajé en la Bienal hasta que se dio nuevamente otra oportunidad: recibí la llamada del Ministerio de Cultura, para hacerme cargo de Pumapungo, donde estuve 4 años y medio -hasta hace poco más de un año- hasta que decidí dar un paso al costado y emprender, complicarme un poquito más la vida, y abrir este espacio en el que nos encontramos y que nació como una galería y una pequeña cafetería pero, ya en el momento de poner en papel el proyecto y hacerlo sostenible, tuvimos que modificarlo de manera que sea más atractivo, porque con el tema del arte yo estoy muy consciente de que tiene que ser sostenible. Entonces, le dotamos al espacio de una infraestructura y de un sistema de trabajo que hace que se diferencie de cualquier otro: un lugar en donde las personas puedan acceder a varios servicios culturales como una librería, una tienda de diseños, una galería de arte, obras de teatro, proyecciones de cine, conversatorios, poesía, etc.; y el tema de la venta de objetos y obras de arte porque creemos que el arte no es solamente el crear, sino crear accesos y para eso nosotros, obviamente, utilizamos herramientas del sistema financiero y económico para permitir que se acceda a comprar un cuadro y romper con ese mito de que el arte es solo es para entendedores o de que tienes que tener mucho dinero para tener obras de arte. No es así; o sea, hay de todo y para todos…
El tema de la profesionalización de la cultura… esa idea romántica del arte por el arte, del artista bohemio que no puede profesionalizar su producto y vivir de él. La propuesta de economizar la cultura es interesante y en una sociedad como la cuencana, ¿generó conflictos?
– No creo que conflictos. Volver al Ecuador con un título en Economía del arte y entretenimiento, obviamente, es una ventaja por una falta de profesionalización en el ámbito cultural, si bien hay muchos perfiles y muchos profesionales vinculados al arte, la cultura y patrimonio en temas de conservación, de gestión, de administración de museos y demás. Ahora tenemos una Universidad de las Artes y Direcciones de Cultura a varios niveles del gobierno local, regional y nacional; entonces, como conflicto, no. Yo más bien creo que eso fue una oportunidad, una ventaja y un reto al mismo tiempo porque eso también te exige mantener un cierto nivel de calidad en tu gestión y en la calidad y cantidad de auto determinación y auto exigencia. Sin embargo yo creo que Cuenca tiene unas dinámicas bastante particulares, en el sentido de que si bien tenemos este prejuicio positivo de ser la Atenas del Ecuador, la ciudad más culta, en la actualidad uno de los mayores problemas que tiene la ciudad es que se ha destruido el mercado cultural. En una parte por un excesivo paternalismo por parte de las instituciones públicas (ahí tengo que hacer también un mea culpa) y por esta mala compresión de que todo tiene que ser gratuito, porque yo creo que es un tema de interpretación de los reglamentos y las leyes, más que un reglamento. La ciudadanía se acostumbró a que por servicios y bienes culturales no se tenga que pagar: no se respeta, no se considera que el trabajo del actor cultural es como cualquier otro trabajo y por lo tanto tiene que ser remunerado. Yo creo que una solución bastante estable entre lo público y lo privado es que los apoyos que se den desde lo público sean necesariamente establecidos con una contraparte de autogestión por parte de quienes reciben algún tipo de apoyo, porque de esa manera abres la puerta a que se puedan cobrar entradas o recibir donaciones o que se puedan aplicar, digamos, oportunidades de involucramiento de parte de la empresa privada en espacios culturales como parte de su responsabilidad social. La cultura cuesta y no está mal, está muy bien que lo público apoye a la gestión cultural, que haya una corresponsabilidad, pero tiene que haber una contraparte, y el apoyo desde lo público no tiene que ser coercitivo en otras metodologías de sostenibilidad para los actores culturales o los espacios culturales. Necesitamos construir públicos, porque los hemos perdido. El público medianamente interesado o medianamente informado sobre una cierta oferta cultural es en Cuenca definitivamente limitado (en una ciudad de más de 500 mil habitantes no llegamos al 5%, estoy seguro). Espero que pronto el Ministerio de Cultura o la Dirección Municipal de Cultura hagan un estudio de consumos culturales: no es posible que siendo Cuenca la Atenas del Ecuador no tenga datos reales de cómo está consumiendo su ciudadanía la cultura, todos son supuestos, no tenemos datos reales, datos duros de encuestas, de un estudio profundo de consumos culturales en la ciudad con información de asistencias a los museos, a obras de teatro, etc., es lo básico, porque si no cualquier iniciativa, cualquier idea por más interesante o buena que pueda ser, no está conectada a la realidad.
Hace meses hacía, en este mismo espacio, una entrevista a Mateo Estrella, experto en turismo, y casi que reemplazando términos me decía exactamente lo mismo para con el sector turístico en la ciudad: la carencia que tiene de un lugar certero, una certeza del cual partir…
– No existe información.
Sin embargo, me ponía a pensar sobre las proyecciones de la producción artístico-cultural y su masificación. Y recuerdo a Octavio Paz que, hablando de poesía, decía que no tiene por qué ser masiva. Y es difícil de digerir eso, porque puede sonar muy fuerte…
– Yo estoy de acuerdo: creo que la cultura y el arte históricamente han sido, digamos, no quiero usar la palabra elitista, si bien lo ha sido también, pero no se puede tampoco pretender que todos accedan porque hay gente a la cual simplemente puede no interesarle, por más de que quienes trabajemos en ella estemos seguros de que es algo que puede cambiarle positivamente la vida a las personas.
Los 4 años y más, que estuviste frente a Pumapungo y todo lo que significa en el imaginario de esta ciudad… ¿qué es lo que atesoras de ese tiempo?
– El lugar ideal. Yo creo que quienes hayan tenido, como yo, el honor y privilegio de haber trabajado en esa institución… es un lugar maravilloso, por esa historia que carga, porque era el museo del Banco Central en Cuenca, el Banco Central que en su momento salvó tanto arte y tanto patrimonio, ese Banco Central que se interesó en la cultura y el patrimonio gracias a un cuencano; ¡y ese museo está aquí! Entonces, alrededor de eso giran cosas tan importantes: tienes un museo, un teatro, el antiguo colegio donde está la Orquesta Sinfónica, un parque ancestral con vestigios arqueológicos y un parque etnobotánico lleno de plantas y animales, en el centro de Cuenca… yo creo que todavía a Cuenca le falta explotar vivencialmente ese espacio y aprovechar más de él. Para mí fue una sorpresa tremenda en ese momento. Lo asumí con muchísima alegría, con mucha emoción y con muchísimo trabajo. En ese sentido y a través del proceso de ir conociendo a los colaboradores y de ir conociendo las oportunidades y con la debida confianza y apoyo de quienes están por encima de uno, en la institución, pues se hicieron tantas cosas… Creo que fue un aire fresco, una renovación de públicos, una renovación de propuestas. No creo que hice más, ni mejor que nadie; yo creo que continué haciendo cosas, continué liderando y apoyando procesos del equipo de personas que trabajaban ahí y seguramente cometí errores pero, son parte de ese gran aprendizaje. Entonces para responder puntualmente a tu pregunta, lo que más me llevé de ahí fue un tremendo aprendizaje, un crecimiento profesional y humano.
Y luego el cambio, el flip de moneda. ¿No? Porque de ser un administrador cultural en una institución, digamos, consagrada dentro de nuestra sociedad, pasas a ser un gestor cultural independiente.
– Desde hace unos 6-7 años Pumapungo es un referente a nivel nacional y es gracias a esa continuidad y a ese respeto que se ha tenido a través de los cambios de autoridades dentro del museo. Y claro, salir de eso luego de tanto tiempo, un poquito te abre los ojos a que sí, cuando uno está dentro, repito, cree que está haciendo lo mejor para la institución, para la ciudadanía, quiere que las cosas salgan bien, que quede una huella positiva, pero también se vive una realidad diferente. Ya en lo privado tienes que afrontar una serie de necesidades, como construir un equipo y métodos de sostenibilidad para poder responder a las responsabilidades que el sistema nos impone (o sea al banco, el crédito, los empleados y su afiliación/sueldo, ofrecer productos de calidad, instalaciones limpias, seguras, cómodas para tus usuarios y tu personal); eso es fuerte, el emprendimiento en general es un tema fortísimo que sigo aprendiendo día a día. Cuando uno está en lo público, si bien crees que puedes entender, corremos este gran riesgo de entrar en una burbuja de desconexión de la realidad. En todo caso, decidí dar un paso al costado porque soy joven como para acomodarme mucho tiempo en una institución pública… ahora es hora de incomodarte un poquito y estar en esta trinchera cultural desde el Bunker.
Para cerrar, cuéntame tres momentos que atesoras, que podrías decir que te han conducido a este espacio que es tuyo, a este sueño que es tuyo.
– Haber estudiado lo que estudié, haberme encontrado con las personas que me encontré y querer hacer mucho, no estar todavía apagado de ideas y de proyectos.

Levantamiento de texto: Alexandra Álvarez
Entrevista y fotos: Juan Carlos Tuga Astudillo S.
Docente-investigador UNAE
juan.astudillo@unae.edu.ec