Cuencanidad

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El entorno físico, las obras materiales realizadas en él y los habitantes conforman una ciudad. Cada una tiene su fisonomía con sus atractivos que le diferencian de las demás. Las edificaciones materiales con frecuencia –Cuenca es uno de los casos- están dignificadas por el tiempo y las huellas que a lo largo de los siglos dejaron los que la crearon y habitaron, lo que implica una presencia que sobrepasa la muerte natural. Espíritu y materia se complementan y en el área urbana están presentes ya que, más allá de la fisonomía externa, se puede captar la manera de ser y el culto de determinados valores que se cobraron fuerza y se consolidaron creando una imagen identificatoria que la podemos calificar como cuencanidad.

En las diferentes actividades los seres humanos se caracterizan por sus actitudes tanto en lo personal como en lo colectivo, de manera especial en las funciones que tienen que ver con el manejo de los recursos públicos. La honestidad ha sido uno de los distintivos de los cuencanos, reconocido en todo el país y puesta de manifiesto en personas que tuvieron responsabilidades en los ámbitos local y nacional. Motivo de sana satisfacción y orgullo era la idea generalizada de que si alguien era cuencano era honesto, sin que estuvieran de por medio dudas. No se trata de algo logrado mediante millonarias campañas publicitarias, sino de reales formas de comportamiento en relación con los intereses colectivos.

Es lamentable que en el último decenio esta imagen se haya empañado. En la nitidez del cielo de la cuencanidad han aparecido algunos nubarrones que lo manchan y que ponen en tela de juicio esa identidad entre cuencano y honrado. No cabe tan sólo lamentarse y aceptar como algo que ocurre en todas partes. Para los que aún hacemos presencia y para las nuevas generaciones se trata de un reto que debemos superarlo mediante formas de comportamiento intachables en este aspecto. Como humanos no somos perfectos, pero si podemos recuperar esa imagen de perfección pública redoblándola, actuando y mediante crítica sana y positiva. Esperamos que, para el futuro, estos nubarrones se conviertan en excepciones que confirman la regla.