Un país dividido

Roberto Vivar Reinoso

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Va perdiendo sentido llamarse “el gobierno de todos”, por el constante empeño oficial de “descorreizar” al país, lo cual se convierte en persecución política, judicial, social, contra quienes conformaron “la revolución ciudadana”. Lo paradójico es que el mandatario y varios colaboradores fueron parte de la misma, consecuentemente corresponsables de sus aciertos y errores. Por eso Guillermo Laso, líder de CREO y finalista en las elecciones presidenciales pasadas, a raíz de los últimos acontecimientos escribió a través de su cuenta virtual: “no le creo, señor Moreno”.

Tal vez pensaron que resultaría rápido y fácil desprenderse del pasado, teniendo la colaboración de la derecha. No hay tal sin embargo. Acercándose a la mitad del mandato, con la insistencia en el diálogo y bajo el pretexto de erradicar la corrupción, veo un país más dividido de lo que dejó su antecesor.

Además una década de poder continuado por decisión popular, único caso en la historia patria, deja profundas huellas, la mayoría positivas que se las desconoce para resaltar las malas, imposible de evitar en cualquier administración estatal.
Este panorama lo agravó la consulta popular, particularmente al permitir el nombramiento directo, desde el Ejecutivo hacia los vocales del Consejo de Participación Ciudadana, con facultades omnímodas sobre veintiún autoridades nacionales, desconociendo expreso mandato constitucional. Y ahora su mismo titular sugiere eliminar dicho organismo mediante sufragio, además de otras posibles siete enmiendas a la Carta Magna con igual mecanismo.

Los hechos protagonizados por Fernando Alvarado, ex secretario de Comunicación, abonan a este clima de crispación generalizada. Es que se considera perseguido político como otros personajes de la década pasada, para quienes Moreno es traidor. Buscando contrarrestar la persecución el correísmo abrió numerosas plataformas virtuales, según investigación oficial, dirigidas especialmente al mundo donde rebate las acusaciones y resalta las obras realizadas durante su mandato. En el descontento también están funcionarios cesados por el Consejo de Transparencia Transitorio antes de cumplir su período, que acudieron ya o lo harán próximamente a instancias internacionales. No es menor el impacto producido por las divergencias ecuatoriano-venezolanas, que llegaron hasta el rompimiento diplomático.

Conflictivo panorama por el cual el jefe de Estado debió convocar la semana pasada, a los titulares de las funciones públicas para conformar un comité interinstitucional. Justifico el trabajo conjunto ante la gravedad del momento. No así el exhorto conminante del Contralor General, recalcado luego por el presidente de la República, hacia la justicia para que actúe rápido, eficientemente, sin temor contra altos ejecutivos correístas procesados: clara injerencia entre poderes republicanos.

Para algunos todo esto es cosa seria; hay quienes empero consideran cortinas de humo, globos de ensayo, tongo de los gobernantes, para distraer la atención comunitaria y apuntalar así sus alicaídas figuras. Al estilo del circo romano y guiados por el axioma maquiavélico: el fin justifica los medios. Yo me inclino hacia la primera opción, convencido sobre el beneficio de los cambios sin llegar al revanchismo que intenta refundar la nación. (O)