Arupo

Eduardo Sánchez Sánchez

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Un nutrido grupo de extranjeros que asistían a un evento en la Universidad de Cuenca, en un descanso de sus actividades filmaban y fotografiaban los jardines del campus universitario, revestidos de color, naturaleza, aroma y formas que muestran a propios y extraños de nuestra extraordinaria diversidad biológica fundamentalmente en el campo de la Botánica, de aquella ciencia que fue pasión de Luis Cordero C, como lo demuestra en su libro “Enumeración Botánica”, obra culminada en 1911 como “Estudios botánicos”, que de manera personal vencía las múltiples dificultades de la época, tales como tipografía, formación de planchas, tiraje, encuadernación, corrección de pruebas, etc, “con la ilusión de un niño, pero con la energía de hombre en plenitud”, cuando contaba con 78 abriles en su prolífica vida. El rectorado universitario desde el 10 de enero de 1911 hasta el día de su deceso, el 39 de enero de 1912.

En la referida obra, cita Cordero: “Chionantus pubecens H.B.K (Humboldt, Bonpland, y Kunth), significa “flor de nieve peluda”. Es un árbol nativo de la sureña Loja y norte del Perú, en colinas y valles interandinos que en época de floración brindan un toque cromático singular y destacable, no sólo que compite con otros árboles, sino que por su generosa manera de florecer, dejando caer sus hojas, a punto de lucir pigmentados de rosado y muy eventualmente asoma un carácter genético recesivo de albinismo que los exhibe níveos y elegantes, argentosos y respetables. Mayúsculamente se los ve vestidos de floración desde el mes de agosto hasta octubre, luego de la floración los árboles producen frutos que alimentan a los cada vez más populares mirlos “Turdus merula”, aves agresivas y depredadoras, hoy avecindadas en la ciudad, merced a la gran cantidad de espacios verdes de las villas y parques que los provee el habitáculo ideal, hay menor estiaje en éstos espacios verdes que en campos y espacios bucólicos presas de prolongados estiajes y sujetos de los ciclos hidrológicos tan alterados hoy y quizá por secuela del calentamiento global.

Acertada sugerencia resulta aquella que insiste en sembrar miles de árboles de Arupo, especialmente en aquellas zonas en las que no existen tierras de buena calidad, con pendientes marcadas y expuestas a la luz solar, factor éste último de preponderante importancia en el desarrollo y crecimiento de las plantas, que no exigen abundante riego, más bien provienen de hábitat deciduo. Distinguiría Cuenca, la Ciudad de las fuentes y flores al ser vestida de intenso color cuando los organismos municipales pertinentes y en conjunción con la empresa privada y otros organismos estatales además de ONG organizaciones no gubernamentales sin fines de lucro, que armen una política de vestir a Cuenca y a otras hermanas ciudades con árboles de intensas floraciones que como único requisito ostenten ser plantas nativas para engalanar parques, jardines, espacios verdes, avenidas y espacios de esparcimiento y oxigenación de las urbes, cada vez más saturadas del humo de los automotores y lamentablemente, destaca Cuenca en el sentido de disponer de una atmósfera polucionada grotescamente, como lo perciben los peatones de manera diaria. (O)