Últimos toques a la obra de pintura expandida de María José Machado.

Hasta ahora, la producción de la obra está en un 85%, Machado explica que está próxima a culminar la intervención urbana de la propuesta.

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La artista trabajó este último fin de semana en dar los últimos toques que le permitan lograr el objetivo trazado.

María José Machado alista su propuesta para la edición XIV de la Bienal. El fin de semana último, la artista hizo el montaje de la última capa para los lienzos que se ubican en una de las casas de la calle La Condamine y Bajada del Vado, una propuesta de pintura expandida, que consiste en retratar a ocho personajes tradicionales de ese sector de la ciudad y, con el esmog de los vehículos plasmar y las imágenes.

Hasta ahora, la producción de la obra está en un 85%, Machado explica que está próxima a culminar la intervención urbana de la propuesta, cuadros que reposan en la pared de la una casa de más de 50 años donde afloró y se mantuvo el arte y las formas de vida de la familia materna de la artista, caracterizada por der gente relacionada y dedicada a la artesanía.

Tomar ese espacio para desarrollar la propuesta no tiene una connotación colonizadora, sino más bien, una especia de site specific. El domingo, la artista y el equipo de asistencia integrado por Juan Gutiérrez -artesano de la forja, de la quinta generación de artesanos que habitan en El Vado y uno de los ocho retratados- realizaron el último cambio de la placa de esténcil en adhesivo, eso permanecerá hasta finales de octubre, cuando la bienal desmontará la obra y la trasladará a la Casa de los, el lugar elegido por el curador Jesús Fuenmayor, como una forma museográfica y poética para que la obra no salga del sector.

La experiencia de plasmar esos retratos y esas imágenes ha sido una forma de afianzar el amor existente, y una forma de convivencia con los vecinos, con la familia, con gestores del sector, quienes llevan una lucha de muchos años porque ese barrio tiene un imaginario de zona roja, de peligrosidad, contaminación; y desde estos aspectos creativos con los artesanos de la forja, las cocineras que trabajan desde la gastronomía popular, se retícula esa unión. La obra de María José Machado tiene ese afán de mostrar ese discurso colectivo.

Parte final de la obra

El proceso final de la propuesta será el desmontaje de las ocho pinturas, que, si bien hablan de la corporalidad, pero lo hace desde esas formas de entender el cuerpo, ya sea desde la ausencia o desde esas formas en la cuales el arte acción se vuelve pintura.

Este es un trabajo que enseña el remanente del pasar del tiempo, de lo que significa estar ahí en cuerpo presente en el sector, pero resulta complicado y difícil explicar desde un arte acción por ser efímero; y acudir a la pintura como medio o un interfaz que posibilita a la artista visualizar ese concepto y búsqueda de demostrar lo que significa permanecer ahí.

La obra no se crea de un momento para el otro, más bien es el resultado de haber convivido y por muchos años con el esmog, con la atmósfera, con el espacio inmediato que los recorre como usuarios y vecinos de El Vado. Este es un trabajo en cual ha madurado esa técnica de trabajar con el esmog, la contaminación y el tiempo que no refiere al transcurso de los minutos; sino al tiempo que tiene que ver con el sol, la lluvia e transitar de los días.

La artista concilia con la Bienal de Cuenca la fecha para el desmontaje, aún no hay un día definido. Para Machado, mientras más demore en retirarse los ocho módulos, más beneficioso es, porque cada día que allí permanece significa, un día más de visualización; y en cuanto al nivel técnico, cada día que pasa permite a la autora que las obras en los soportes de madera se impregnen.

Son algunos meses que ocho retratos –cinco hombres y tres mujeres, permanecen allí (BSG)-(I).