La voz del “poeta de Cuenca”, Jacinto Cordero Espinosa perdura en sus obras

El poeta falleció a los 92 años. Docente, arqueólogo, apasionado por el campo y los caballos son algunas de sus facetas.

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Jacinto Cordero Espinosa
Eduardo y María Soledad Cordero, hijos del desaparecido escritor, conservan una de las publicaciones, que recoge el trabajo de su padre.

Son tres amores lo que resumen a Jacinto Cordero Espinosa, poeta cuencano: su familia, la poesía y el amor al campo. Tres amores que marcaron la vida del literato, quien falleció el sábado 29 de septiembre pasado. Tenía 92 años de edad.
Como legado quedan sus obras que recogen sus poemas y que permanecerán en el tiempo, pues “…los poetas no mueren” cuenta su hija María Soledad Cordero, “así solía decir mi padre”.
La acompaña su hermano Eduardo y su madre, Ilda Vintimilla.
La familia cuenta que Jacinto nació en Cuenca en 1926. El escritor descubre su pasión por las letras a los 18 años, edad en la que empieza a practicar en sus primeros versos.
Es así que al cursar el último año de estudios en la Unidad Educativa Borja, escribe su primer ensayo.
Posteriormente continuaría escribiendo, para en 1948 publicar su primer libro, “Canto del Destino”. Luego, le seguirían obras como “Poema para el Hijo del Hombre” en 1954 ; “Despojamiento” en 1956, “Volviendo a los Padres” una versión literal de la traducción al “Quichua Yaya Cunaman Cutishpa” realizada por Manuel Muñoz Cueva en 1956; “Tres Poetas Ecuatorianos” en 1975, “Despojamiento” segunda edición en 1983, “La Llamada” en 1986, “Alambrada” en 1989, “Contra el Solitario Roquedal” en 1992; “Juan Pablo” y “Elegía” en el 2004, “Los Enigmas” en el 2005, y “En prosa: Poesía y Crítica. Poesía dispersa” en el 2008.

Inspiración

El amor al indígena y al campo, al desamparado, una presencia constante de la muerte, se reflejan en sus versos. Son su característica señalan sus hijos, quienes lo definen como un poeta extremadamente humano y que se “autoidentificaba” como un campesino.
“Elegía de Juan Pablo” poema dedicada a uno de sus hijos que falleció cuando era niño, expresan las características de su poesía y a decir de Eduardo, “…es la obra que más nos conmueve” .
Su inspiración surgía precisamente de las visitas al campo, cuando caminaba por el monte o cuando iba desde su casa al centro de la ciudad. Siempre iba a pie, ya que “era un caminante incansable” cuenta su esposa, Ilda Vintimilla. “Haga sol o llueva, él siempre caminaba para salir de la casa al centro, así como para volver…”. Mientras habla de él, sus ojos se humedecen.
“El poeta de Cuenca” y “El poeta de la revelación”, así lo describen reconocidos literatos ecuatorianos.
Incluso el desaparecido escritor, ensayista y lingüista, Hernán Rodríguez Castelo, definió a Jacinto Cordero Espinosa, como “una de las voces líricas más altas de nuestro siglo XX”.

Reconocimiento

Premio Nacional al Mérito Cultural de la Casa de la Cultura Ecuatoriana y Condecoración Nacional al Mérito Cultural del Ministerio de Educación, son algunas de las distinciones que recibió Cordero, quien además fue parte del grupo ELAN, conformado por varios poetas reconocidos.
Fue miembro de la Casa de la Cultura Ecuatoriana, profesor y decano de la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad de Cuenca, director del Instituto Azuayo del Folklore y presidente de la Comisión del Castillo de Ingapirca.
Pero a pesar de sus méritos, su objetivo nunca fue la fama, ni el reconocimiento, incluso le gustaba ser muy reservado, explica Eduardo Cordero.
A más de su talento para las letras, Jacinto era todo un conocedor del arte colonial, al punto de que su casa es un museo, en el que conserva piezas y obras de arte de la época de la colonia. Muchas de sus piezas son de tipo religioso.
Sus hijos mencionan que era un experto en Arqueología, otra de sus pasiones, al igual que el afecto por los caballos, que se complementaba con su amor por el campo, que mantuvo desde niño hasta su muerte.

MÁS DETALLES

– Jacinto Cordero Espinosa fue nieto de Luis Cordero Crespo, quien también fue poeta, abogado y ex presidente de Ecuador. Los familiares de Jacinto, consideran que llevaba su amor por las letras en la sangre.

– Según María Soledad Cordero, hija del escritor, su padre ya había dejado de escribir poesía desde hace varios años. Sin embargo, no dejó sus otras pasiones, como visitar el campo y cuidar de sus caballos.

– El trabajo de Cordero consta en el libro “Antologías Muestra de la Poesía de Cuenca del siglo XX” publicada en 1971, “Madrugada una Antología de la Poesía Ecuatoriana”, Guayaquil 1976; “Lírica Ecuatoriana Contemporánea”, Bogotá 1976; entre otros.

– En universidades norteamericanas, se han realizado tres tesis sobre la poesía de Jacinto Cordero Espinosa. También hay una tesis sobre su trabajo que efectuó en Cuba. Su trabajo es reconocido en otros países.

Texto: Pablo Vallejo
Fotografía: Patricio Saquicela
pvallejo@gmail.com