Octubre, mes del adulto mayor

Hugo Lucero Luzuriaga

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La ONU define al 1 de octubre como el “Día Internacional del Adulto Mayor”, por ello este mes es dedicado a la población adulta mayor, con el objetivo de hacer conciencia sobre su presencia y visibilizar sus problemas en función de afrontarlos. Son muchos, pero abordaremos el MALTRATO SOCIAL HACIA EL “VIEJO”, a sabiendas que las condiciones de pobreza, abandono, violencia, negligencia, agresión psicológica y abuso económico, les impiden hacer efectivos sus derechos; en efecto:

Asistimos a la presencia de Gobiernos y Estados que no legislan o que manejan políticas públicas no acordes a la realidad actual de los adultos mayores, a propósito, hace 9 años viene trabajando la Asamblea Legislativa Ecuatoriana en una ley denominada de: “Protección Prioritaria de los Derechos de los Adultos Mayores”, que hasta la actualidad no se conoce su contenido; ha sido enviada al Ejecutivo en espera de respuestas. Asignación de presupuestos inadecuados.

Muchos adultos mayores no poseen vivienda propia y cuando lo disponen hay que compartirlo, perdiendo su rol de gobierno de hogar. La falta de respeto y prejuicios es otra forma de maltrato social, bien se manifiesta que: “una palabra desagradable dirigida a un anciano resulta más cruel que una puñalada”. Ciertos medios de comunicación “pecan” con los viejos, al presentar una imagen distorsionada mostrándoles como ancianos pobres que necesitan de compasión y hasta de caridad. Importante y frecuente el maltrato en el campo de la atención médica, que se inicia desde la espera, admisión, hasta la prestación del servicio mismo, maltratos recibidos hasta por parte del mismo profesional que no tiene experiencia ni conocimiento del tema adulto mayor, llegando hasta la poli-medicación.

Tiempos de espera exagerados para recibir una atención en oficinas estatales y hasta públicas. El transporte público se ha constituido en una fuente inagotable de maltrato, generado desde los conductores hasta actitudes descorteses de pasajeros. En el tema de trabajo, al adulto mayor se le busca la forma de despedirlo, no se incentiva la reinserción laboral, el Estado muchas veces es un empleador moroso que incumple con los beneficios sobre todo económicos de la jubilación. No es sujeto de crédito, por ende, no puede ser beneficiario de préstamos y afines. Al jubilarse, es lanzado al vacío a sufrir desde una burocracia engorrosa hasta el recibir, cuando hay suerte, una cantidad de dinero que casi siempre es insuficiente para su subsistencia. Se ha perdido el derecho a vivir y morir en familia y se llega al extremo de internarlo en una Institución, la mayoría de las veces sin su conocimiento y consentimiento.

En definitiva, la sociedad, el Estado y el Gobierno, también maltratan a la población adulta mayor, desde su derecho a la salud hasta el de circular libremente sin obstáculos: en sus domicilios, calles, avenidas, y plazas, en donde se construyó y se construye para todos los ciudadanos, menos para los discapacitados y adultos mayores. ¡Hasta cuando el maltrato! (O)