Desacierto

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El caso Venezuela es clamoroso. Probablemente ningún país ha llegado a tan elevados niveles de inflación, aunque su gobernante haga “piruetas” económicas quitando cinco ceros a la moneda y creando otra que denomina petro, partiendo de que ese país con muy elevados problemas de pobreza, sea el que mayores reservas en el mundo tiene de este combustible. Es una de los más elevados en inseguridad; el nivel de la diáspora no tiene precedentes en América Latina que ha sufrido cruentas dictaduras. En este campo rivaliza con el Chile de Pinochet. Los derechos humanos andan por los suelos y, lo que su presidente llama democracia, es una grotesca caricatura de este sistema. Todo opositor es enemigo y las manifestaciones populares han sido abatidas con su único argumento: las balas.

La mayor parte de las organizaciones internacionales han desaprobado esta gestión, al igual que los países latinoamericanos, a excepción de Ortega en Nicaragua, Morales en Bolivia y, hasta hace poco tiempo el anterior gobernante Correa de nuestro país, parapetados en el “socialismo del siglo XXI” cuyos resultados son lamentables. Un importante grupo de países de esta parte del mundo consideran que el cerco diplomático debe intensificarse, y se habla de una denuncia ante la Corte Penal Internacional de La Haya por atentados a los derechos humanos. Como en los gobiernos totalitarios marxistas, el afán de mantenerse en el poder de su “presidente” es enfermizo.

El presidente de los Estados Unidos desaprueba este libertinaje político y ha implementado sanciones económicas contra el país y algunos de sus capos. Su megalomanía, para ser más que los otros, ha hecho que afirme que no descarta una intervención armada como en la época del coloniaje. Se trata de un grave desacierto ya que, ante una amenaza de esta índole, los planteamientos ideológicos de oposición se debilitan ya que, ante el peligro de la patria, tirios y troyanos se unen. Maduro ha manifestado que, si ello ocurriera, Vietnam se quedaría chiquito recordando los devastadores efectos negativos de la intervención norteamericana en ese país que, con vergüenza, debió retirar sus tropas. La historia se borra para los egocéntricos.