Con olor de santidad

Juan F. Castanier Muñoz

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Entiendo que haciendo caso a la admonición cristiana de que hay que acompañar a los enfermos, compadecer a los desvalidos y visitar a los presos, la asambleísta Sofía Espín ha ido hace pocos días a visitar, en la cárcel cuatro de Quito, a la ex agente policial Diana Falcón. Involucrada en el secuestro al ex asambleísta Fernando Balda. Descubierta, digamos así, la inusual visita, por declaraciones de la propia Falcón, se ha armado la pelotera y le ha caído el mundo encima a la asambleísta Espín. Ella se defiende diciendo que lo hizo por un acto de solidaridad y preocupada por la situación de Falcón. Debemos entender entonces, los pobladores del Ecuador, que Espín tiene el plan de realizar visitas solidarias a todos los privados de libertad en el país, pues se vería horrible, por decir lo menos, que su gestión solidaria se restringa únicamente a la ex agente Falcón, coincidencialmente, testigo clave en el involucramiento del ex presidente Correa en el secuestro del ex asambleísta Balda.

Le espera pues a la asambleísta Espín un largo y arduo trabajo, ya que existen 25.000 detenidos en el Ecuador y visitarlos a todos, hablemos de 20 por día y tomando en cuenta solo los días reglamentarios de visita, le tomaría aproximadamente unos dieciséis anos con tres meses y quince días. Me permitiría yo sugerir a la diligente asambleísta que sería una buena idea la de realizar las visitas por grupos, lo cual alivianaría su labor en tiempo y recorridos. No tiene entonces porque, el convertirse una visita a una detenida, en un acto perverso o reñido con la moral y las leyes. Porque no verlo más bien como un acto de caridad cristiana, de ternura, de compasión, de solidaridad humana. ¿No se han puesto a pensar que a lo mejor, Santa Teresa de Calcuta por ejemplo, inicio su hoy santificada tarea, visitando a algún preso en una cárcel de la India?, ¿no será que la prensa “corructa”, los pelucones, la oposición vende patria, los jueces y fiscales que hoy se encuentran en la “otra banda” y míster Trump, se encuentran confabulando contra una asambleísta cuyo único pecado fue emprender en un acto humanitario?

Ahora, claro está, que Espín tendrá que aclarar ciertos “detalles”, como por ejemplo, por qué su labor solidaria y fraterna se inicia justamente con Diana Falcón; por qué la visita a Falcón se lleva a cabo un día antes de una audiencia judicial clave en el proceso que involucra al ex presidente Correa en un gravísimo delito; por qué la ex agente Falcón, que debía más bien estar agradecida por la visita, denuncia a su “benefactora” de haberle propuesto que se retracte de sus declaraciones judiciales; por qué la asambleísta Espín se hace acompañar en la visita de la abogada Yadira Cadena, coincidencialmente, miembro del equipo de la defensa del ex presidente Correa. Creo que aclarados estos puntos, y un par de más que se me escapan en este momento, los resultados abonaran en bien de la “gestión” de Espín y, quien sabe, a lo mejor tenemos una futura “santa”, en ciernes. (O)