Estrategias

María Rosa Crespo

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Dentro de lose studios de género, a finales del siglo XX surgió el interés por estudiar las estrategias comunicativas que utilizan los hombres y las mujeres. Los resultados demostraron que las mujeres aceptaban más que los hombres temas propuestos por otras personas, utilizaban menos expresiones de desaprobación y rechazo, matizaban más las opiniones y les añadían calificativos, casi no utilizaban interjecciones ni insultos y desarrollaban con frecuencia una estrategia particular que consistía en poner en boca del interlocutor las propias ideas mediante expresiones como: “¿no te parece que? ¿No crees que…?” Si ponemos nuestra atención en las instituciones lideradas por mujeres, puede rastrearse estrategias que se caracterizan por un escaso dogmatismo, por la flexibilidad teórica, por la poca jerarquización interna y por la facilidad de aceptar ideas nuevas. Tales prácticas lingüísticas suelen agruparse en el ámbito de los “discursos débiles” frente a los “discursos fuertes” de quienes disponen de poder para hacer prevalecer las propias opiniones. Dado que en la mayoría de las sociedades y durante la mayor parte del tiempo las mujeres han vivido en esta posición subordinada, no es nada extraño que hayan interiorizado y desarrollado este tipo de hábitos comunicativos.