Enigmas Davilianos – II

Jorge Dávila Vázquez

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Las relaciones interpersonales de nuestro gran poeta son, asimismo, un enigma difícil de solucionar.
Joaquín Zamora, que parece fue muy cercano al Faquir, aunque era unos 8 años menor a él, me decía que todas las bellas y jóvenes mujeres que aparecen en su poesía primera, a la que llamo “sensorial”, por la fuerte presencia de percepciones de los sentidos, eran amores platónicos del escritor.
Él afirmaba que incluso María Luisa Machado, la directa inspiración de “Canción a Teresita”, nunca recibió un declaración de amor del hombre que le escribiría el más bello de los homenajes líricos póstumos.

Otras personas, muy de fiar, contaban que la bella Machado, leía un libro en la banca de un parque, distante, ideal, perdida en el mundo magnífico de alguna novela o un libro de poemas, y que él la miraba desde lejos, sin atreverse siquiera a acercarse. ¡Y era su prima hermana! Una vez más, Zamora afirmaba que aquella expresión que consta en “Carta a la madre”, es más que una hipérbole o exageración poética:

“Me cuentas que se ha muerto mi prima María Augusta. /Ahora que estoy lejos, te diré: Yo la amaba. / Mi timidez de entonces me quebró las palabras”.
Joaquín decía que la timidez de Dávila era algo real, no una fantasía retórica.
Sabemos y sentimos en el magnífico poema, que hay toda una transformación de la realidad, ni siquiera la llama por su nombre; pero llegar al extremo de no aproximarse, en vida, sabiendo del tan cercano parentesco, como que asombra.
Y Zamora, que era bastante intenso, afirmaba que todas las muchachas: la de ojos verdes, las dulces niñas de Francia, las colegialas, las ideales ternuras distantes, no eran más que creaciones puras de la palabra. Por supuesto, inspiradas en visiones femeninas reales.

Tal vez, en eso, Quito jugó un papel de mucha importancia, porque allí conoció, y trató de cerca y recibió el humano beneficio de un afecto sólido, inalterable hasta la muerte de la <<“Bella distante”, “una muchacha / con una voz blanquísima y los filos dorados, / el pelo hecho de espigas y sortijas de malta.>>
Aquella Laura, cuyo nombre consigna la “Esquela al gorrión doméstico”, “la bella novia de mi mejor amigo”.

Pertenece a la tradición de la época que él fue quien los presentó, y que todo ese amor que revela “Carta a la madre”, se transformó en una amistad eterna.
Este parece haber sido, pues, el panorama sentimental daviliano, y quizás sea por ello que se percibe como una imposibilidad en todos los poemas sentimentales de entonces.

En cambio, como afirmaba Zamora, con una cierta malicia, algunas mujeres de edad, que no recibieron tributo poético alguno, y que cuidaron de él como el niño desamparado que fuera siempre, mantuvieron una relación más franca y directa, como las dos hermanas devotas, que viraban hacia la pared el cuadro del Corazón de Jesús, para beber tranquilas en su compañía.
Quizás también esa facilidad para entenderse con damas mayores o muy mayores a él, explique que se casara con una que le llevaba casi 20 años.
Misterios del alma humana, secretos indescifrables del corazón de un poeta que estaba inundado de amor, de ternura, que se volcaba imaginariamente hacia preciosas y jóvenes criaturas, en las que quizás no encontraba eco su dolorido sentimiento. (O)