Conversando sobre educación

Mario Jaramillo Paredes

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En días pasados, invitados por la Comisión de Educación de la Asamblea Legislativa, nos reunimos en Guayaquil once ex ministros de educación para conversar sobre posibles reformas a la Ley de Educación. Fue una buena iniciativa de la Comisión y particularmente de la asambleísta Dallyana Passailaigue la organizadora de este evento que por primera vez en más de dos décadas reúne a la mayoría de ex ministros de educación.
Hubo en esta reunión dos momentos. Un primer momento, extraoficial, de reencuentro y de compartir experiencias.
Y, un segundo momento, en que expusimos bajo la dirección del ex presidente de la República, Gustavo Noboa Bejarano, nuestros criterios sobre algunos puntos que los asambleístas nos habían planteado para reformas a la actual Ley. Los dos fueron momentos ricos en criterios y experiencias, que servirán –por lo menos así esperamos- para que los legisladores introduzcan reformas que son urgentes en la actual Ley.

Un criterio bastante generalizado en las conversaciones previas fue que la ley actual es vertical, centralista, concentradora y autoritaria. Es decir, es consecuente con el modelo de estado que se consagró en el anterior gobierno. La declaración de principios es muy buena- igual que en la Constitución- pero el articulado contradice esos principios, lo mismo que ocurre con la carta magna.
Hubo igualmente un consenso amplio en que el Sistema de Evaluación necesita reformas urgentes, comenzando por un cambio de la estructura del organismo de manera que tenga autonomía. Actualmente la Junta Directiva está integrada por representantes del Presidente de la República, del Senescyt y de Senplades, es decir todos responden solamente al ejecutivo. Una sana autonomía es básica para que inclusive el Ministerio de educación sea el primero en ser evaluado.

A mí me pareció fundamental plantear una reforma del Consejo Nacional de Educación que en la actual Ley tiene veinte integrantes y una “silla vacía” que se “reunirá en cualquier parte de manera itinerante” lo que ha hecho que durante los últimos diez años no haya sesionado, creo que ni una sola vez. Este organismo que debería ser el que dicta las grandes líneas para que exista una verdadera política de estado y no de cada ministro, simplemente ha sido dejado de lado en la década pasada haciendo que todo el poder radique exclusivamente en el ministro. Un ex ministro del anterior gobierno me manifestó inclusive que los miembros de ese consejo ni siquiera habían sido designados y menos aún convocados alguna vez. Coincidió en que la estructura actual es totalmente inconveniente.

Un Consejo Nacional de Educación, representativo, ágil y autónomo que funcione bajo la dirección del ministro pero que no responda solamente a él, es fundamental para superar muchas de las taras actuales, provenientes de un sistema burocratizado, concentrado, en el cual lo que importa es el número de formularios que llena el maestro y no la calidad de la educación. (O)