Carlitos

Aurelio Maldonado Aguilar

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El mundo en su porfiado movimiento rotativo de miles de millones de años, organizó en su amplia barriga por la cual pasa como cinturón la línea ecuatorial, unos paisitos con idiosincrasia semejante y de gente alegre pero insulsa, que se deja llevar por los avatares del corazón que prioriza y no razona suerte y mañana fríamente.

La llamada demagogia en boca hábil e inteligente de Carlitos sonó como canto de sirena y se le entregó el gobierno del pequeño estado en un parpadeo. Entonces empezó el engaño sistematizado y gracias a muy diestra conducta y propaganda donde el lenguaje fue la Patria, corazones ardientes, mentes lúcidas y manos limpias, acompañando su discurso de obras de relumbrón que nunca estaba la población acostumbrada a verlas tales como carreteras, mega obras utópicas y sin futuro, etc., fueron suficientes para de manera mágica y grandilocuente, desbaratar la constitución y construir otra a sus medidas como un sastre de nítidas puntadas e incluso creando y dando vida un poblado minúsculo llamado Montecristi, pero de enorme trascendencia en la vida e ideales de mucha gente.

Reunió como un maestro a sus pupilos, una enorme caterva de palaciegos que de manera incondicional siguieron sus lineamientos y nunca levantaron su voz para contradecir al amo y señor, el tal Carlitos, que poco a poco y con habilidad pasmosa, fue a través de estas alimañas incondicionales, juntando el poder en sus manos de manera impresionante y claro, con el rebenque de la justicia y el autoritarismo ladino, encubierto y fortalecido y vigilante, se convirtió en un semidiós, dueño de vidas y haciendas, despilfarrando dinero y tomando deudas monstruosas, con el único objeto de tener riqueza para su bienestar y caprichos y para los personajes que como rémoras hambreadas, cantaban a coro, aplaudían, bailaban y festejaban sus ocurrencias.

Entonces llegó el momento de sentirse el ungido. Su ego trasmontó linderos y buscó títulos Honoris Causa y pagó por ellos para luego creerse intocable, pues en realidad, casi que lo fue. Prevalido de jueces a los que tenía comprados y atemorizados, paseaba su pompa y no faltó el momento de agredir física y verbalmente a los medios de comunicación y gente común de la calle a quienes perseguía para golpearlos, apeándose de su caravana de recios guardaespaldas que le escoltaban y no le importó ordenar un asalto militar con fusiles y disparos, que cobraron vidas, a un hospital que es respetado incluso en conflagraciones mundiales y luego manoseó todo para lograr réditos políticos y encumbrarse, pisoteando pobres soldados que dieron con sus huesos en la cárcel por su disposición.

Un buen día, un político también, le denunció y pidió explicaciones de algunas actividades reñidas con la moral y ética y entonces la persecución se organizó desde el sillón de Carlitos, que ordenó, mediante plan mal desarrollado y burdo, el secuestro y quién sabe qué más, de este, para él, atrevido político chismoso. Fallaron las cosas. Luego de años de encubrimiento sistemático de fiscales y jueces empiezan a aparecer documentos y testimonios de involucrados que por salvar su pellejo desembuchan la verdad. Sus antiguos coidearios y cómplices, que como siempre luego de caer en desgracia el personaje no le guardan fidelidad, dan detalles concretos y la Asamblea, antes obsecuente, autoriza la vinculación de Carlitos en un delito configurado como crimen de estado. Claro que Carlitos es el alias del personaje y yo no sé su nombre. Esperaré desenlaces para enterarme. Dicen que ahora vive lejos, con la familia de su esposa. La verdad que está con un pie en la cárcel y deberán adecuarle una celda en la cárcel 4 como vecino de un tal vidrio. Cosas de este paisito de la barriga del mundo. (O)