La década perdida…

Simón Valdivieso Vintimilla

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La década perdida y la generación asesina. Nos referimos a los diez años de maltrato sistemático y desgaste de la democracia en el Ecuador. Y es que en el país de Manuelito, hubo una vez una criatura que se aprovechó de la desesperanza fraguada históricamente y consiguió en menos que cante un gallo, cinco poderes, comenta la abuela de la casa.
Cuando llegó por primera vez por el voto ciudadano y se sentó en el solio presidencial donde estuvo alguna vez el Barón de Carondelet o el “Loco que ama” en lo más temprano, había un estado con tres poderes, como todos los países democráticos del mundo, excepto uno que está al norte de la línea ecuatorial y que para más señas nació el padre de la libertad, el Caraqueño Americano, cuyo nombre ha sido utilizado blasfemamente por el tirano que gobierna a los hermanos venezolanos.

Ese fue el mal ejemplo para la ruina de la patria de Rumiñahui, Daquilema, Espejo, Alfaro, Vargas Torres, Dolores Veintimilla y José Peralta, entre otros; hombres y mujeres libres pensadores que con sus acciones y pensamiento fraguaron la patria que el susodicho nos arrebató de un plumazo y con la venia de millones de ecuatorianos hoy desencantados y en ese entonces ávidos de revanchismo. A ese gobierno de ingrata recordación la crítica y el ciudadano de a pie le han puesto distintas etiquetas, como por ejemplo, “Década Perdida” o “Década Robada”, aunque el personaje y unos pocos que aún le quedan digan que fue la “Década Ganada”.

Y claro el tiempo nos da la razón y la sabiduría popular se ha encargado de darle el real significado a esa expresión. La “Década Ganada” porque con la excepción que son contados con los dedos de la mano, dice la abuela de la casa, no hay funcionaria o funcionario público que haya ganado, es decir que no haya metido la mano en el erario nacional y se haya llenado los bolsillos, con ese dinero que bien pudo servir para hacer hospitales, vivienda para los pobres de la patria, más universidades para que no haya ese discrimen maldito que hoy existe que impide a la juventud ecuatoriana acceder a la educación superior como en otrora, y es que esos tiempos fueron mejores sin meritocracia y palanqueo.

Y claro le hizo juego al que sabemos, sonríe la abuela de la casa, esa generación que también la sabiduría popular se ha encargado de etiquetarla como la “Generación Asesina”. Y es que una generación es un conjunto de personas que, habiendo nacido en fechas próximas y recibido educación e influjos culturales y sociales semejantes, adoptan una actitud en cierto modo común. Ellas y ellos representan a la juventud de la década de los setenta y ochenta que estuvieron junto al poder y que en el caso de Cuenca, llegaron en un momento a ocupar varios ministerios, pero pusieron sus ojos en otros lares, en otros menesteres sin que su tierra les importara.

Ahí están, esos son los asesinos de esa generación en la que los ecuatorianos que pertenecemos a otras décadas, pensábamos iban a cambiar el rumbo de la patria, pero nones, sonríe la abuela de la casa, se entontecieron con el poder y los deleites que da el mismo. De todo dio la mata. Esencialmente ladrones del erario nacional, ganadores de la medalla a la corrupción administrativa. Asesinos y secuestradores, en fin. Hoy nos gobiernan los viejos, no en sentido despectivo. Hoy hemos vuelto los ojos a la gobernanza con gente adulta, gente que frisa los setenta y algo más y están dando ese cambio que necesita la patria, aunque en el Consejo de la Judicatura ya nos desencantaron. (O)