Compra de cargos

Marco Antonio Piedra Aguilera

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Con todo este desorden generado por las famosas cuotas o aportaciones de parte de los funcionarios de la Asamblea Nacional a sus superiores, se han podido ventilar varios componentes del espectro político que, según lo que se ha podido conocer, datan de mucho tiempo atrás y de un comportamiento comúnmente aceptado en dichos espacios.

Fue muy curioso escuchar a uno de los representantes del gremio político decir que los partidos políticos no cuentan con recursos propios y que los mismos se debían financiar con aportaciones de sus adeptos designados a ocupar algún cargo público, es más, llegó a indicar en la entrevista que si un funcionario es designado para un lugar de trabajo, este ya debería dejar una porción de sus ingresos para fortalecer las filas del partido que está en el poder y que decidió que dicha persona labore en alguna institución pública. Bajo esta óptica, se deja de lado la meritocracia y las capacidades de los profesionales y únicamente prima la buena voluntad con la que pueda o deba contar un individuo para sostener con parte de su salario a las filas que le supieron observar como elegible.

Estos famosos tributos ejercidos al interior de diversas instancias suponen un deterioro a las condiciones económicas familiares de los involucrados pues, es de conjeturar que las remuneraciones de los servidores públicos han sido congeladas desde hace algún tiempo atrás y que además, han sido determinadas en función de las condiciones socio económicas de la ciudad en la que prestan sus servicios, por lo cual el colaborador se ve inmerso en un descuento de aportaciones indeterminadas y que son cobradas al puro estilo de prestamistas de mercado negro, pues bajo amenazas de separaciones de cargo o algún otro tipo de extorción sutil procuraban abastecerse de sus dineros.

Aunque suene duro y se llenen de argumentaciones los defensores de este régimen de financiamiento de sus partidos políticos, al final de cuentas lo que sucedía es que cada cargo público viene prendado con un canon interminable procedente de un acuerdo tácito y muchas veces unilateral el cual le pone al individuo como un proveedor de dinero y no de un profesional que ha sido contratado para desarrollar técnicamente una labor especifica.

Y es que son tantas cosas que se vienen ventilando que parece que ya nada nos sorprende, si ayer teníamos que los cargos se iban adjudicando por cuotas políticas y no en función de las necesidades de una institución específica, hoy nos encontramos con que cada puesto de trabajo tiene un valor económico. Al final de cuentas a estos comportamientos se los puede intentar llamar de cualquier manera con tal de desviar el verdadero sentido de la acción, la cual al ser promovida por los padres de la patria, esperemos que por lo menos tengan un plan para que esta erogación cuente como un gasto deducible de impuestos. (O)