Agua y Fuego: el universo de los opuestos

María Eugenia Moscoso C.

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“La luna vino a la fragua / con su polizón de nardos.

El niño la mira, mira / El niño la está mirando.” (Romance de la luna, luna)
Federico García Lorca y César Dávila Andrade: dos mundos, dos poesías, dos búsquedas y un final desgarrado.

“Agua y Fuego”, un importante esfuerzo de Francisco Aguirre y Pilar Tordera, bajo la Dirección de Galo Escudero que, alternando actuación y caracterización, lograron una gran interlocución. Se intenta transparentar a los dos poetas, desde su mundo particular y desde su época personal.

Un espacio dramático de fuertes connotaciones y sugerida proyección lírica, en el que las voces poéticas fueron complementadas con los silencios, que posibilitaron acercarse con más intensidad a estos dos grandes de la poesía de todos los tiempos, afincados en espacios y tiempos diversos.

Cuenca no es una ciudad de tradición dramática, no obstante, el público aplaudió con intensidad y se sintió muy cerca de estos grandes de la poesía de la generación del 27 española y de la contemporaneidad ecuatoriana, quen irrumpió a fínales de la década del cuarenta, como adelantado de la nueva generación poética: Lorca y Dávila.

Veinte años mediaron entre un poeta y el otro: 1998 y 1918; producción poética con efectos distintos y desenlaces desgarradores en ambos: un fusilamiento 1936 y un suicidio1967.

“Oh antiguo Arquitecto de las gaseosas manos, /

Los candelabros alzan su lengua hasta tu nombre /

Y mi alma adelgazada te besa entre las cosas.” (Oda al Arquitecto) (O)