En trenza radica identidad de nacionalidades andinas

“Es un elemento de espiritualidad, fidelidad con su pueblo, extensión de pensamiento y sabiduría”. Miguel Yacelga, nacido en el centro de Otavalo, “a dos cuadras de la Plaza del Poncho”, vino a Cuenca hace 52 años, cuando tenía diez años de edad. Trabaja en el portal de San Francisco en la confección y venta de tejidos: chompas, ponchos, como lo hacen muchos de su nacionalidad, para quienes su identidad, manifestada en su vestimenta, su idioma, su cabello, tiene lugar importante en sus vidas.

2379
Miguel Yacelga trabaja en el Portal de San Francisco, con familiares que elaboran tejidos, ponchos, chompas y otras prendas. PSR

“Es un elemento de espiritualidad, fidelidad con su pueblo, extensión de pensamiento y sabiduría”.

Miguel Yacelga, nacido en el centro de Otavalo, “a dos cuadras de la Plaza del Poncho”, vino a Cuenca hace 52 años, cuando tenía diez años de edad. Trabaja en el portal de San Francisco en la confección y venta de tejidos: chompas, ponchos, como lo hacen muchos de su nacionalidad, para quienes su identidad, manifestada en su vestimenta, su idioma, su cabello, tiene lugar importante en sus vidas.

Dejarse el cabello, para nuestro pueblo, es sagrado, comenta Yacelga. “No podemos quitarlo, nadie, ni en el cuartel lo cortan, nadie. Tal vez darnos unos cinco minutos más que a los demás para hacernos el pelo, pero no cortarlo”, enfatiza. Y es cierto.

Veintiocho años atrás, el conscripto indígena Manuel Morocho, del Grupo de Caballería General Dávalos llegó tarde a la formación. En esa época podía implicar un castigo, incluso físico. -Dónde estabas, qué estabas haciendo, recluta- , le increpó el superior. – Me estaba peinando, mi cabo, respondió Morocho, quien usaba cabello de trenza tejida.

“No podemos quitar nuestra tradición, nosotros somos indígenas, somos indios, es nuestro principal motivo y ser como nuestros antepasados…Tiene que ser con pelito”.

Y no solamente eso, la autoidentificación como indígenas tiene mucha importancia para ellos. Cuenta el comerciante que, inclusive en los bancos, cuando les piden que se quiten el sombrero se han negado porque para ellos es una demostración de identificación. “Sin el sombrero soy como cualquiera, no como yo”, comenta.

“El cabello largo representa para los pueblos indígenas la potencia, la fuerza, muy vinculada a las raíces de las plantas y árboles para tener más fortaleza, así como las raíces de los árboles son invencibles, por más que les corten sus ramas”, comenta Yaku Pérez, presidente de la Ecuarunari, la organización filial de la Confederación de Organizaciones Indígenas del Ecuador (CONAIE).

Dejarse la trenza tiene, señala Pérez, una interpretación relacionada al tejido social, al vivir en comunidad, pues no se puede vivir cerrados en un individualismo en un mundo donde todos somos complementarios, una trama que no descarta a la Pachamama”, la madre tierra y naturaleza.

Juan Carlos Cullquincóndor, instructor de danza tradicional, en el grupo de este arte de la Universidad Politécnica Salesiana (UPS), resalta la importancia del respeto que el pueblo mestizo ha tenido al cabello largo de los hombres del pueblo indígena, para quienes es mucho más que una costumbre, sino un “elemento de espiritualidad, identidad, fidelidad con su pueblo, extensión de pensamiento y sabiduría”.

Los hombres de otros pueblos indígenas también dejan crecer su cabello, la trenza y solo las personas muy allegadas pueden tocar su cabello, señala el instructor. (AVB)