Álvaro y Marlene, amantes de antigüedades en el “Rincón del Alma”

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Volver a la tierra natal y recorrer sus viejas calles, en parte empedradas con la piedra del recuerdo que va desapareciendo por la modernidad, evoca un regreso momentáneo al tradicional Barrio Chivilpamba – Carrera Cuenca en Cañar.

Transitar estos lugares es vivir muchos recuerdos que se van tejiendo en historias, contadas por nuestros abuelos, los vecinos más veteranos del barrio o, en casos especiales, por sus renacientes que en raros casos se interesan por mantener viva la historia mediante la oralidad o, simplemente, guardando antigüedades que nos hablan de cientos de anécdotas desarrolladas, inclusive, en siglos de vida.

Invitados por la familia Guamán Loja llegamos hasta la ciudadela Santa Rosa, detrás del tradicional barrio Chivilpamba, al sur de la ciudad, dentro de una ciudadela moderna, compuesta con viviendas innovadoras. Nuestra mirada se detiene en una casa de estilo rústico, con madera y ladrillo, de esas que tienen alma de campo y plenitud de vida.

Un peculiar timbre compuesto por una cuerda que al halarla, emite el sonido de una campana que llama a los habitantes de ese dulce hogar. Del fondo sale un hombre alto de estructura delgada, cuya caballerea larga, de cola, nos llama la atención; nos recibe muy amable, nos invita a pasar es Álvaro Guamán Verdugo y su esposa Marlene Loja Rosas.

Su hogar se denomina “El Rincón del Alma” en honor a su primogénita, de nombre Alma, que ha sido su inspiración, además, es un hogar muy diferente a los hogares tradicionales.

Álvaro de 36 años de edad y su esposa Marlene junto a sus dos hijos, Alma Jethsabel de 8 años y Gustavo Samael de 7 años de edad , son los coleccionistas de arte y objetos antiguos, que a todos quienes los visitan llaman la atención y disfrutan de conocer objetos que forman parte de generaciones pasadas.

El origen del “El Rincón del Alma” parte desde el embarazo de su niña y se buscaba un nombre y éste fue sugerido por Marlene de que su hija se llamaría Alma, de ahí nace que su hogar se llamaría así, convirtiéndose hoy en un Museo de Sitio.

Su colección ha salido a varias exposiciones, les han visitado algunos amigos y la prensa, “nosotros seguiremos haciendo crecer la colección y valorando las cosas antiguas”, señala Álvaro.

Entre sus artículos están alrededor de unos 100 objetos, algunos obsequiados, otros encontrados y comprados.

Entre la gran variedad, lo más llamativo destaca una imprenta del año 1893 que fue rescatada de la Asociación de Mecánicos del Pichincha, le regaló el señor Alfonso Loja; están, también, un fonófono o concertina conseguido en Ibarra, dos llamativas cámaras fotográficas del año 1928- a 1933, reverberos con los que se cocinaba hace unos 30 atrás, hay una variedad de artículos de madera, pero guarda como tesoro las primeras partituras de la primera banda de Músicos de Cañar, en este documento se encuentran notas del pentagrama nacional como pasacalles, albazos, boleros, pasillos, etc.

Espera que con su primo, director de la banda musical de Azogues, Romel Verdugo quien interpreta el saxo, pueda en algún momento dar vida a estas partituras.

Antigüedad es un tesoro

Desde un cofre de colores, que fue su primer trabajo en envejecimiento en madera cuidadosamente, saca una colección de billetes de nuestra moneda nacional hasta el año 2000, el Sucre, y sus monedas de centavo de toda nominación. “Los sucres eran nuestra moneda y todo este dinero cuando estuvimos en la escuela nos hacía felices para comprar nuestras golosinas”, narra.

El gusto por la colección de antigüedades viene de un encanto por las cosas poco comunes, además, esto proviene desde que su tía realizaba cursos de envejecimiento de la madera; estos detalles fueron alimentado la inclinación por la colección de las cosas de antaño, así como lo rústico que se ha plasmado en la estructura de su vivienda.

Desde hace algunos años atrás viene coleccionando objetos antiguos, “a veces me regalan objetos porque dicen que es un estorbo o que están haciendo basura en sus casas, yo tengo un lema que la basura de otras para mí es un tesoro”.

Las antigüedades que llegan a su casa, se limpia, se da vida con la ayuda incondicional de su esposa, incluso sus hijos tienen un gusto y respeto especial por la colección.
“Mi esposa me apoya en todo, es la diseñadora de algunos objetos, los pinta y adorna.

Si la gente me dice que estoy loco, pues vendita locura, así soy feliz con mi esposa y mis hijos, no somos el hogar perfecto, pero, tenemos la felicidad es este compartir de detalles y gustos mutuos que hoy en los hogares tradicionales ya no existe”.

Los objetos van con la estructura rústica de su casa que es de ladrillo, madera y teja con una entrada de piedra.

Manifiesta que la vida de antes era muy buena, donde se compartía todo con la familia, el mundo de la globalización ha hecho que se pierdan hasta las costumbres. Señala que antes se utilizaba una petromax para iluminar las noches, un teléfono de disco y más cosas que ya no se utilizan ahora y ese es nuestro gusto porque tenemos en la casa estos objetos que los damos uso. No necesitamos ir de vacaciones a ninguna cabaña, aquí vivimos en un lugar de etilo campestre, con armonía y equilibrio, asegura, mientras desde un tocadiscos de los años 50 nos deleita con “Hotel California”, ritmo que emana desde un disco de vinilo.

Un momento en la llamativa vivienda rústica y con antigüedades emana muchas energías especiales. Para quienes estamos en contacto con la espiritualidad, desde alguna dimensión, al ingresar al hogar de los Guamán- Loja se siente esa presencia de energía positiva, la paz y la armonía que emana aquel mágico lugar, donde no solamente se guardan antigüedades sino que su vida gira en torno a la alimentación vegana y un alto grado de meditación bajo técnicas especiales orientales.

La idea de tener una campana como timbre, nos cuenta que la mayoría de la gente conoce, por ejemplo su familia y amigos más cercanos. Esta idea nace desde hace unos 20 ó 30 años atrás, cuando su abuelito materno fue guía de la cárcel de Cañar y ahí existía una campana como timbre. “Cuando mi abuelita me mandaba a dejar el tradicional café de las 3 de la tarde, yo tocaba la campana de la cárcel para que mi abuelo salga a recibir y así hacían todos los que querían visitar o preguntar algo en la cárcel”, de ahí nació la idea de también poner en su casa y su timbre se ha replicado en muchas viviendas de Cañar.

Álvaro es hijo de don Gustavo Guamán Clavijo, fallecido hace más de más de 20 años y doña Yolanda Verdugo, su pilar en su formación.

Su esposa Marlene Loja con una leve sonrisa expresa que “no es fácil ser esposa de Álvaro, pero me he acoplado y el me ayudó a descubrir que todas estas cosas van conmigo, hoy me siento equilibrada y amo lo que hay en mi hogar, especialmente, mi familia”.

De profesión docente

Hay muchas cosas que tienen en común la pareja de esposos, por ejemplo ambos son docentes, Álvaro es docente de Cultura Física en la Unidad Educativa Simón Bolívar de Cañar; Marlene es docente en la Unidad Educativa Andrés F. Córdova. “El gusto más grande es sentarse a la mesa y almorzar los cuatro, una cosa que no se daba anteriormente por el trabajo demandó estar lejos”.

Otra cosa en común es el gusto por la música, a ambos le gusta el Rock y es llamativo verlos juntos en algún concierto del metal, sin embargo, eso no es nada raro aunque para las familias conservadoras sí es un problema. Álvaro lleva una cabellera larga, manifiesta que alguna ocasión fue una manera de discriminación por parte de un docente cuando concursaba por el trabajo en su área; sin embargo, ha roto esquemas y ha hecho respetar sus derechos.

Los dos practican meditación basado en una práctica oriental (Reiki) y ayudan a los demás en el tema de armonización de energías, “nosotros no tratamos de estar bien, estamos y vivimos bien, Dios es amor, armonía y paz”. El deporte también los une, ambos se apoyan mutuamente, especialmente en el fútbol que es la segunda pasión de los dos.

Su esposa Marlene cuenta que tiene dos hijas de su relación anterior y que son toda una familia, pese a que nunca ella se proyectó a vivir el gusto por la colección de antigüedades, ni cosas rústicas, hoy descubrió, junto a su esposo, que es lo que a ella le gusta y motiva a seguir adelante. Ama todo lo que proyecta paz, el arte, la pintura; de hecho, ella pinta y ayuda a su esposo cuando de adornar y limpiar los objetos se trata y considera que son un verdadero equipo, lo que hace que su hogar sea armonioso y equilibrado.

“En la docencia compartimos mucho cuando hay que pintar murales; lo hacemos los dos. En el fútbol no juego pero me encanta la barra y estoy ahí con mis hijos apoyándolo.

Álvaro me ha hecho descubrir esa parte que para mí era desconocida; con mi esposo empecé a ser yo y somos el complemento casi perfecto y nuestros hijos son el motor de todo”.

Somos docentes formamos niños y jóvenes pero no compartimos con el sistema educativo actual, político y religioso. Nuestros hijos deben ser libres de elegir lo que les gusta, desde luego, con responsabilidad, con valores y con respeto, explica.

La pareja de esposos finalmente invitan a quienes deseen visitarlos y conocer sus antigüedades, compartir un café y sentir la armonía que existe en su hogar, para ello deben contactarse a través de la página de Facebook “el Rincón del Alma Guamán Loja”, que en Cañar, la capital arqueológica y cultural del Ecuador, los esperan muy gustosos.