Montañas encantadas

Nicanor Merchan Luco

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Hola. Aló Wilson… Hola chico qué has hecho. Oye nunca contestas, nunca respondes. Es que me fui a la montaña. ¿Y con quién te fuiste?. Solo. Qué loco, después te pierdes y recuerda que no iré a buscarte. Qué va, yo nunca me pierdo. Es verdad y en esta vez Wilson tampoco se perdió, sabía perfectamente lo que hacía, su propósito fue el de irse por el Cajas concretamente por el filo de El Tablón a la costa, pero no contó nunca en sus planes con la impresionante montaña de descenso con un bosque primario montano húmedo inaccesible lleno de abismos de “peñas horribles” de acantilados, de barrancos escalofriantes, de rocas impenetrables. El mismo día domingo los amigos del Cajas le dijeron que no vaya solo, que no se vaya, pero Wilson se fue sin respetar a la montaña confiando plenamente en su conocimiento y en su extraordinario poder de orientación, pero se encontró con “una locura” de bosque. Imposible de caminar dentro de él, para mi criterio accidentalmente se desbarrancó.

Wilson Serrano fue un amigo de toda la vida, desde jóvenes ya hace cincuenta años que salimos juntos a las montañas con el “Chino” Galo Carrión tantas rutas, tantas cumbres, tantos paisajes, tantos amaneceres deslumbrantes, tantas risas y tantas lágrimas. Junto a nosotros han envejecido los equipos de montaña, pero las piquetas, los bastones, las cuerdas, las mochilas, las carpas están siempre esperándonos allí para una nueva aventura. Si es que Wilson ya se nos adelantó no quisiera que le encontremos porque sería muy lindo descansar para siempre en las montañas que tanto amamos. Al venir a Cuenca por la carretera desde Guayaquil, desde Molleturo vemos unas imponentes montañas a la izquierda, pues allí atrás está el cerro Santa Rosa de 3850 metros, el cerro El Tablón de 4025 realmente bellos, son una atalaya al pie occidente se abre un impenetrable bosque hostil y feroz como él solo, que desciende casi de manera vertical hasta las poblaciones de Huigra, Arquillo y San Antonio a los 1800 metros sobre el nivel del mar, casi ya en la costa, a las espaldas una decena de lagunas del parque nacional Cajas en donde se destacan Las Pampeadas, las Playas Encantadas, Las Chorreras o La Negra, realmente esta es una zona sobrecogedora pero fría, muy fría.

Wilson Serrano estuvo presente en muchos rescates y encontró a varias personas, le gustaba caminar en solitario porque conocía El Cajas y todas estas montañas de Los Andes centro sur, como la palma de su mano. Hace ya como un año, estuvimos los dos solos en el Chimborazo, era un hombre sencillo, de un inmenso y noble corazón, bueno, bondadoso y como inspector del Benigno Malo fue amigo de centenares de alumnos, cuando salía a la montaña con él, nunca se perdió; no requería de GPS, tenía una gran fortaleza física y un profundo conocimiento de la montaña. Hoy son quince días de su pérdida. Deepak Chopra dice que la materia es un momento cautivo del espacio en el tiempo, dice que el cuerpo es como un río que fluye en los procesos de la vida. Este mundo que nos enseña a creer, nos muestra una vida llena de experiencias y nos dice que el límite último de la vida humana es la muerte y que tras de ella brilla una clara percepción de la inmortalidad en éste mundo en el que vivimos todos los días, llenos de actividad “gobernados por el pensamiento y las emociones cotidianas”; el espíritu trasciende lleno de paz y de gozo, ahora Wilson a lo mejor está en ese mundo atemporal, con el espacio abierto al espíritu en permanente diálogo con las montañas. (O)