“Regionalismo, lengua y contrastes”

Tito Astudillo y A

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Por esa costumbre tan cuencana, la de visitar librerías cuando sales al centro de la ciudad, hace unos días caminando por el centro histórico, entré en la librería SODILIBRO, y mis pasos insensiblemente me condujeron a una estantería en donde un librito verde, digo librito por lo atractivo del formato, como que me llamaba y pedía -llévame,- lo tomé para hojearlo como es mi costumbre y me prendé, el título era nada menos que “Regionalismo, lengua y contrastes” y el autor, nada más que el doctor Oswaldo Encalada Vásquez, asiduo investigador, catedrático universitario y multifacético hombre de cultura, autor prolífico cuyas obras ofrecen al lector muchas posibilidades, y en el caso específico de este libro, una aproximación razonada a un tema que ha marcado los caminos de nuestra nacionalidad, desde los inicios mismos de la vida republicana, por lo cotidiano y controversial, muchas veces satanizado o sacralizado, manipulado también.

La obra analiza el tema del regionalismo desde las particularidades geográficas que lo definen y se concreta en cuatro regiones naturales plenamente demarcadas, aceptadas y definitivas en la consolidación de una identificación regional, como son Costa, Sierra, Oriente y región Insular; sin embargo, el fenómeno del regionalismo no es general, más bien se restringe, exclusivamente, entre la Costa y la Sierra, entre serranos y costeños, fenómeno que ha marcado y definido la vida política del país expresada en un centralismo bicéfalo y una serie de manifestaciones sociales y culturales, porque entre Costa y Sierra se cumplen dos condiciones que el autor considera, determinantes, como son; la cercanía y el trato permanente entre sus habitantes que se expresan en todos los ámbitos políticos, sociales y culturales y de manera especial en la literatura también, a la que el autor acude con propiedad, enriqueciendo el texto y haciendo más amena y didáctica su lectura; y en segundo lugar, el nivel de competencia o, al menos, un sentimiento de competencia que se manifiesta en diferentes aspectos del convivir entre serranos y costeños. En este directriz, la primera parte desarrolla los siguientes temas: el regionalismo, el campo y la ciudad, las clases sociales, y el quichua como lenguaje de insulto. En la segunda parte, el autor analiza otro tipo de particularidades del lenguaje, los eufemismos, utilizados como para suavizar el trato, para designar aquello que pueda afectar el pudor, para “nombrar lo innombrable”, esto es, aquello que aún es considerado un tabú, como por ejemplo en la anatomía y fisiología humana lo relacionado con la sexualidad: “partes nobles”, “mala crianza”, “partes pudendas”, para no llamarlos con sus nombre propio.

La lectura de esta obra, creo, permite una aproximación más humana a la historia de nuestro país, analizada a través de sus diferencias y contrastes geográficas, antropológicas y culturales, que aportan un componente de especificidad a cada región y a sus habitantes, particularidades que al final se expresan y se hacen visibles en el lenguaje además de enriquecerlo y, que incluso, son aceptadas como componentes de identidad. (O)