Primer aniversario del fallecimiento de la poetisa, Inés Márquez Moreno

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Hoy se cumple un año del fallecimiento de Inés Márquez Moreno, poeta cuencana, colaboradora permanente de Diario El Mercurio, al igual que su padre, el historiador Ricardo Márquez Tapia. Estuvo casada con Juan Tama Costales, con quien tuvo un hijo que es Juan Tama Márquez, nacido en 1950, quien la hizo abuela, bisabuela y tatarabuela.

Desde su adolescencia escribió poesía, sus poemas aparecieron en las páginas literarias de diferentes diarios del país. Publicó dos libros de poesía: “Denuncia del sueño” en 1963, y “Camino de mediodía” en 1994.

La Municipalidad de Cuenca le otorgó la presea “Fray Vicente Solano”, el 3 de noviembre del año 2010.

“Llegada en el río de la sangre, de una estirpe de artistas y gente de letras, verdad es lo que ella dice a la poesía… Sólo sé que naciste con mi infancia, y sigues a lo largo del camino. No pudo ser de otro modo. Inés fue por muchos años, la amorosa secretaria de su padre, el historiador Ricardo Márquez Tapia; sus mejores amigos fueron los libros y sus autores; conoció a toda la pléyade

de sus contemporáneos escritores y artistas, y supo atesorar en su corazón la memoria de su abuelo Miguel Moreno, y de todos los miembros de su familia, que vivieron en olor de poesía, ya escribiendo y cantando -como sus tíos Moreno Serrano: Pepito, Joaquín, Miguel Angel, y Moreno Mora: Manuel, Alfonso, Vicente; su hermano Ricardo o sus primos Moreno Aguilar y Moreno Heredia, ya pintando como el eximio Manuel Moreno Serrano, maestro indiscutible de un paisaje que será, también parte del alma de la poetisa, el azuayo, el de los ríos, los montes humildísimos y las retamas florecidas como un mar de oro. Así comenzó describiéndola Jorge Dávila Vásquez, al presentar su segundo libro de poesía “Camino de mediodía”.

Y concluye: La vida, he ahí el secreto de las emociones que despierta la poesía de Inés. Cada una de ellas es el hito del paso de un ser sencillo, diáfano, pero iluminado, por los caminos polvosos del existir. Lo que Inés en su humildad, en su forma simple y pura de ver el mundo, y su existencia que no admite, a veces ni los cuidados excesivos, ni los pulimentos que demandan lírica, y que por cantar se olvida hasta de la misma melodía. Digo, lo que quizá no ha tenido en cuenta, es que en las páginas de su poesía, nos ha dejado un rastro como de estrellas, o blancos pétalos de jazmín… (COR) (I)