Betancourt actualiza a “Las Meninas”

En realidad, la intención de Betancourt, con esta propuesta que se expone en el Salón de la Ciudad, es hacer un arco en el tiempo, un domo que cubre cerca de cuatro siglos, desde el XVII hasta el XXI

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El artista Miguel Betancourt expone "Las Meninas" en el Salón del Pueblo

Es como si Miguel Betancourt, pintor ecuatoriano, se pusiera por momentos en el papel de Diego Velázquez, para desde su óptica plasmar a “Las Meninas”, una de las obras cumbres y emblemáticas de la pintura universal y española de todos los tiempos, plasmada en 1656 y que condensa el barroco español del siglo XVII.
En realidad, la intención de Betancourt, con esta propuesta que se expone en el Salón del Pueblo, es hacer un arco en el tiempo, un domo que cubre cerca de cuatro siglos, desde el XVII hasta el XXI y, como lo dice Julio Pazos Barrera en el discurso crítico a su obra, esta propuesta obedece “al interés que Betancourt manifiesta por el arte barroco, sea peninsular, sea hispanoamericano”.
El empuje por plasmar esta reinterpretación estaba latiendo desde hace tiempo dentro de la vocación artística del pintor ecuatoriano, se reforzó cuando vio, en el Museo del Prado, a “Las Meninas” tal y como Velázquez la pintó. “Al reinterpretar, lo que digo es que la obra artística por más realizada que sea, siempre está sujeta a las aberturas, es una obra abierta sobre la cual se puede trabajar”, afirma Betancourt.

Colección

La colección que se ve en Cuenca incluye obras pintadas entre el 2015, 2016, 2017 y 2018. En todas se siente esa capacidad que tiene el ecuatoriano para trabajar con sus colores y espacios que son característicos en propuestas anteriores, y se ven en la recreación de interiores, en las texturas y yutes que ya trabajó en otros momentos; aspectos que convierten a estas “Meninas” en un pretexto para que el artista siga explorando su mundo interior.
En esa exploración está su mundo cromático, sus colores, esos que lo han caracterizado y nacieron de la observación a los textiles de las culturas andinas. Hay tantas cosas que confluyen en esta propuesta grande que lleva como título “Ninfas, meninas y la mirada del pintor”, entre esas, la idea de traer a “Las Meninas” de paseo por los Andes, en un tiempo moderno, posmoderno.
Y no solo ellas vienen a los Andes de la mano e imaginación de Miguel, con ellas llega Velázquez, un pintor que interpela, que hace ver lo que pinta, pero a través del sortilegio del espejo. Y es esa interpelación con el observador lo que le da a la obra una actualidad. Además de ello, Velázquez fue el pintor que con toda finura hablara de una manera plástica y poética, de un siglo en el cual España tuvo una incidencia mundial, del famoso siglo de oro en las letras, en la pintura.
Cada cuadro es una conexión con la intencionalidad de Miguel Betancourt, quien redistribuye, juega con los personajes de esta propuesta de centurias, los reubica, o retrata de dos a tres por cuadro. La justificación: porque al ser una propuesta tan compleja y sugestiva, como solo Velázquez pudo hacerlo, busca otras formas expresivas. (BSG)-(I)

LA LUZ CARACTERIZA A OBRAS

En la propuesta de Miguel Betancourt, la Infanta Margarita no solo está de niña (siete u ocho años cuando fue retratada), sino la infanta adolescente, coqueta, con su glamour (recordemos que murió a los 22 años de edad), Betancourt logra jugar con el rostro del personaje, hacerlo esplendoroso en un momento, como también hacerlo sentir en el otoño de su tiempo.
Obras de mucha luz, una cualidad que, si Velázquez ya lo manejó, Betancourt también. La refulgencia de luz que caracterizó al pintor español, tiene una intención: hacer sentir la divinidad en la que ellos, los retratados, se encuentran en ese momento. La vibración de luz es parte del concepto barroco.
Acercarse a esa colosal muestra es ver pintura en varias técnicas, entre ellas, las obras que se plasman sobre yute. Es la mano de Betancourt la que sobrevalora a ese tejido ancestral nuestro, ese tejido que antes se hacía con cabuya y hoy con plástico. (BSG)-(I)