Derechos Humanos

María Eugenia Moscoso C.

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Todo ser humano está en la capacidad de apelar a la Comisión Internacional que protege los Derechos Humanos (CIDH), cuando hombres o mujeres se sienten lesionados en su integridad o en sus libertades.

La situación se torna muy compleja, al conocer que una persona proscribe este arbitrio, cuando no le convence o no le conviene aceptar que a dicha Comisión hay que recurrir en oportunidades de cuestionamiento de los derechos de una persona y, se advierte que, con el paso de los años, el panorama cambia y esa misma persona sometida a un difícil proceso legal y sintiéndose perdida porque le acechan los cuestionamientos, en torno a su comportamiento, encuentra que la CIDH es la instancia última que le conviene tocar a su puerta. Inconcebible admitir que, solo cuando me conviene, otorgamos valor a tal o cual conglomerado, al que no se le concede tal valor, cuando la necesidad es de los otros.

Pues sí, es el expresidente es esta persona que acabó con la validez de esta institución, en los casos de Jiménez o Villavicencio y, ahora, al encontrarse perdido y con orden de prisión, se acuerda del CIDH y de las medidas cautelares que él requiere.

¡El país demanda por un coherente comportamiento! Esta Institución protege, al por igual, los derechos humanos de todas las personas. No solo cuando alguien encumbrado se encuentra sin salida, sino también cuando dos ecuatorianos de a pie, fueron perseguidos por su gobierno y la denominó “Comisaría de quinta categoría”. Las personas pasan, las instituciones permanecen y ahora esta persona apela a los Derechos Humanos, cuando antes los negó para sus conciudadanos. (O)