Defensa

Catalina Sojos

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Hace días recorríamos la autopista Cuenca-Azogues a velocidad moderada, de pronto el teléfono comenzó a sonar, nos orillamos y contestamos a la empresa y su mercadeo digital de televisión. La llamada se repitió siete veces a pesar de que en cada ocasión rechazamos la oferta. El trayecto en la carretera se nos hizo tortuoso y optamos por apagar el teléfono. Coincidencialmente, alguien nos había llamado con urgencia y necesitaba comunicarse inmediatamente. Hasta aquí la anécdota, amigo lector, y a pesar de que tenemos registrados lo números de las empresas que hacen mercadeo digital con el acápite de “no contestar” nos cuestionamos sobre la forma en la que podemos protegernos de ese tipo de anuncios. El Ministerio de Industrias y Productividad maneja el programa de protección de defensa del consumidor y, consultada la página nos encontramos con la Ley Orgánica de Defensa del Consumidor la cual, supuestamente, protege nuestros derechos. Eso significa que tenemos que aprender más sobre esto e investigar el modo de denunciar cuando nos sentimos vulnerados en nuestra intimidad. En el nirvana de leyes y auditorías que, supuestamente ejercen los ministerios, suponemos que estas situaciones serán controladas y reguladas, sin embargo, nosotros acudimos a este medio porque es el único que habla por los derechos de todos y obliga a mirar el día a día de aquellos que, sujetos a las leyes, debemos reclamar por esas aberraciones cotidianas. El subdesarrollo se impone, hasta en esos mínimos y cruciales detalles. (O)